TEMAS A FONDO
17 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Pero como estamos escribiendo historia será conveniente observar, para que nuestros lectores no se engañen, que las leyendas ancestrales de entonces, como los recuerdos contemporáneos de momentos más recientes, encierran tan sólo un poso de los hechos y de los protagonistas reales. Y aquí, no en vano, ¡han pasado más de cinco siglos desde entonces! Prevenidos de los posibles aportes que, con el devenir de los tiempos y la tradición, se han ido sumando a la realidad vivida por nuestras crédulas gentes medievales -es decir, glosas, apasionamientos, olvidos, confusiones- ofrecemos el traslado literal del texto. Documento «En el siglo XV. Siendo Alcalde Mayor y Regidor de Mayor Justicia de la villa de la Puebla del Deán, Don Juan de Liñares, asolaba la región con sus crímenes y rapiñas una feroz banda de salteadores que tenía atemorizada a todos los vecinos de la dicha villa. »En vísperas de la gran festividad del Nuestro Padre Jesús Nazareno y para administrar justicia de muerte sobre cuatro de estos malhechores, llegaba a su casa fuerte del Deán, el dicho Don Juan de Liñares enfermo de gravedad. Al escuchar el toque de campanas que anunciaban fiesta, pregunta a sus criados, a que es debido aquel repique general. ¿Acaso no recordáis señor, le dicen, que hoy da comienzo la novena de Jesús Nazareno?. En aquel momento, Don Juan, siente acaso por primera vez en su alma indiferente, el primer latigazo de la fe y ofrece en aquel mismo instante con devoción de cristiano el primer voto al Divino Jesús. »La víspera del gran día de fiesta al Divino Nazareno, que de siglos atrás se viene celebrando en el tercer domingo de septiembre, Don Juan, curado de su grave enfermedad, por la milagrosa intervención del Glorioso Nazareno, llama a sus criados y les ordena hagan traer a su presencia un carpintero, al que hace encargo de un ataúd hecho para las medidas de su propio cuerpo. Al día siguiente a la diez de su mañana, hora en que de tiempos inmemoriales, sale de la Iglesia parroquial de la Puebla del Deán, la procesión de la imagen del divino Jesús, ordena a sus servidores, le traigan y le vistan con sus mejores galas y haciendo concurrir a su presencia, a los cuatro ajusticiados les manda conducir el ataúd delante de sí y recorre de esta forma las calles de la villa portando sus manos crispadas por la emoción un gran hachón de cera en procesión de penitencia y como ofrenda de fe, por la gracia que el Señor, al haberle curado de su grave dolencia, le había concedido. »Finalizada la procesión, y, en el mismo atrio de la Iglesia y aún sin haberse recogido la imagen del Redentor, Don Juan de Liñares, con palabra entrecortada por la emoción hace una invocación a Jesús Nazareno y un sentido llamamiento al duro corazón de los cuatro ajusticiados, a los cuales en aquel momento, lleno de grandiosa solemnidad les hace gracia de sus vidas. »Este, es el origen de los exvotos que de entonces acá y a través de los siglos se vienen haciendo al divino Nazareno en el gran día de su fiesta, llamada desde entonces Procesión de las Mortajas. Origen de la devoción »Del origen de la devoción nada podemos decir, por remontarse ésta a muchos siglos atrás. Dios quiso multiplicarla, derramando gracias sin cuento como lo testifican el número de exvotos ofrecidos en el día de sus procesiones y los muchísimos devotos que todos los días pregonan los favores recibidos». Leído el pasaje con detenimiento, en rigor, es fundamental contrastar las informaciones asentadas en el documento. Si así lo hacen, verán como el trance que experimentó aquel señalado devoto -el de un culto cristológico explícitamente anterior- debió tener lugar en 1467. Año de turbulencias revolucionarias en Galicia, y en A Pobra. La identificación del personaje que, según dice, inicia la promesa de entregar su mortaja en testimonio de gratitud al Nazareno, el Buen Jesús de los siglos XVI, XVII y XVIII, correspondería a un conocido Joan Domínguez de Liñares, del que tenemos noticias por otras fuentes originales de la Edad Media, y que en el mito local fue recordado como «Alcalde Mayor y Regidor de Mayor Justicia de la villa de la Puebla del Deán».