Cuentas de la abuela

| MONCHO ARES |

BARBANZA

LAS CUENTAS de los concellos siempre están en entredicho. Primero, porque son los propios corporativos los que siembran de dudas los presupuestos: Los gobiernos, cuando presumen de superávits que luego se antojan ficticios, si nos atenemos a las dificultades que tienen para pagar a los proveedores (¿cuántas veces oímos a empresas decir que no sirven al ayuntamiento porque tardan mucho en cobrar?), y los miembros de la oposición, que en raras ocasiones dan su visto bueno a los estudios económicos alegando todo tipo de irregularidades. Pero por encima de todos está el Consello de Contas, un organismo dedicado exclusivamente a fiscalizar los fondos públicos, y pocas veces se equivoca. Los afectados siempre suelen encontrar explicación, pero por lo general parece que en los concellos se aplican más las cuentas de la abuela que la ley contable, y eso es grave.