El adiós de un caballero

María Xosé Blanco Giráldez
M. X. Blanco RIBEIRA

BARBANZA

Crónica | La despedida de Fajardo Aunque estaba previsto que se quedara hasta el final del pleno para garantizar la mayoría del tripartito, el ex edil no dudó en irse cuando vio que su presencia era motivo de polémica

10 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?u despedida no estuvo exenta de polémica, sino todo lo contrario, pero Luis Fajardo puso todo lo que estaba de su parte para evitar que el último pleno al que asistía como concejal acabara como el rosario de la aurora. Pese a que estaba previsto que el ex edil se quedara hasta el final de la sesión para garantizar la mayoría al gobierno tripartito, no dudó ni un momento en abandonar la sala cuando vio que su presencia iba a convertirse en el blanco de las críticas del Partido Popular. Consciente de ello, su mayor defensor, Xosé Deira, le dio la posibilidad de quedarse, pero Fajardo prefirió irse como un caballero. Eso sí, después de poner lo que él mismo definió como la última piedra a su labor en el Concello de Boiro, votando a favor de la aprobación del acta de la sesión anterior, en la que el había participado. A continuación se fue con una sonrisa poco convincente, y con el rostro propio de una persona vencida por las circunstancias. Una vez más, recibió las palabras de ánimo del alcalde, que le agradeció el trabajo realizado durante los catorce meses que ocupó el cargo de concejal de Urbanismo. El rostro de Deira también dejaba entrever cierta tristeza. Y no era para menos, ya que Fajardo fue su apuesta personal, uno de sus grandes compañeros de batalla desde que se hizo con el bastón de mando de la alcaldía boirense. E incluso antes. No hay que olvidar que juntos negociaron con socialistas e independientes el pacto firmado el 11 de junio del año pasado. Y juntos lucharon desde aquél día hasta la actualidad para tratar de conseguir uno de los grandes retos que el BNG se marcó cuando accedió a la alcaldía boirense, lograr que el pazo de Goiáns pase a ser de titularidad municipal. Pero Luis Fajardo no sólo deja el listón alto a ojos de Deira, sino que también se lo pone difícil a sus sucesores. El hecho de que un concejal acusado de cometer una presunta infracción urbanística dimita sienta un precedente que ya no tiene marcha atrás.