A disgusto de todos

| MONCHO ARES |

BARBANZA

ESTO DEL tiempo, ya se sabe, parece que siempre acarrea el disgusto de todos. El verano pasado, con un sol de justicia que llevó a nuestras costas a parecerse más a las mediterráneas que a las atlánticas, pocos expresaron su plena satisfacción con los días de canícula. Ni los más aficionados al sol tuvieron la delicadeza de callarse para evitar que el que domina el tinglado se indignara y nos castigara con un agosto de lluvia y frío. En las últimas semanas, la cara de la gente es de invierno, triste y gris, hasta el punto de que esperamos la llegada del otoño, porque la experiencia nos dice que Lorenzo puede fallar en verano, pero pocas veces lo hace en septiembre. Lo que ocurre es que, entonces, las playas habrán perdido el encanto estival; el silencio molesta tanto como el bullicio de los días de auténtico verano. Nuestro clima es así, aunque no acabemos de acostumbrarnos a él.