Una adaptación progresiva

La Voz

BARBANZA

?as familias de la comarca se muestran con muchas ganas de aprender de sus pequeños invitados, así como a la inversa. Se trata de un proceso de adaptación progresiva. Hassina, al igual que el resto de los saharauis, cuando llegó apenas hablaba español, aunque sí lo entendía. «Agora xa fala galego» explica su madre ribeirense, Celia García. Aunque también apunta: «El primer día amaneció en la alfombra de la habitación». Implicación En ocasiones se tilda a los políticos de estar desligados de los problemas que atañen a la población. Sin embargo, la concejala de Igualdade e Acción Social de Ribeira, María Esther Patiño, es un claro ejemplo de que esta teoría falla. Lleva tres años atendiendo al pequeño Mohamed Mustafá Aleid, de 9 años. Cuenta que el primer año cuando llegó el niño no paraba de llorar, así que se lo llevó con ella andando durante largo tiempo para tranquilizarlo. Finalmente lo consiguió. La magia del mar Casi todas las familias coinciden al señalar que nunca olvidarán la expresión de los chicos saharauis al ver por primera vez el mar. En los refugios, el agua y la electricidad, son bienes escasos. María José Pouso, madre de acogida desde hace tres años de Nuema Salama, vive en Boiro, e incide en que todo lo que desperdicia la gente normal, ellos lo aprovechan al máximo. Asimismo, Pouso recuerda que al principio fue una experiencia dura, pues no sabían muy bien qué hacer para que la chiquilla se sintiese cómoda. La tímida Salama se tuvo que adaptar a otro estilo de vida con diferentes costumbres a las suyas. Según comentan los padres, los niños saharauis son hiperactivos, y les encantan las fiestas, el agua, las bicicletas y los parques. Además señalan que son muy cariñosos y agradecidos.