Empresa en juego

| MONCHO ARES |

BARBANZA

VIENDO COMO se desarrollan las procesiones marítimas, creo que lo sucedido en Aguiño fue uno de los muchos incidentes que se producen o pueden producirse, pero en todo caso exculpo al titular del barco de toda causa. Quién haya participado en alguna de estas demostraciones religiosas sabrá que la multitud se sube a bordo sin pedir permiso, ¿quién le dice luego que abandonen la nave? Los muelles han sido testigos de mil y un incidentes protagonizadas por personas a las que se negó el acceso a las embarcaciones, que se despacharon con un rosario de improperios contra aquel que les transmitía la orden. Como suele ocurrir con casi todo, la antigua armonía que siempre presidió estos actos tradicionales se ha roto por una decisión judicial. A partir de ahora, seguro que nadie podrá acceder a un barco alegremente, porque el armador se juega la empresa.