Bajos instintos

| MONCHO ARES |

BARBANZA

LA NOCHE de San Juan tiene el misterio que tanto atrae a los niños y a los supersticiosos. Es una cita que heredamos de los celtas. Una noche en la que se cruzan brujería, diversión y, como no, el vandalismo de quienes confunden la fiesta con una especie de licencia para hacer las peores bromas o las más maléficas gamberradas. Por eso, para que el encanto de la noche, de la luz de las hogueras, del olor a pescado y carne asada no se vuelva dolor de cabeza y triste despertar, recomendaría a los amigos de dañar lo ajeno, lo público, que se quedaran en sus casas, y que, si no son capaces de reprimir sus más bajos instintos, empezaran por romper algo de su propiedad que realmente les duela perder; si aún así no queda satisfecho su apetito puñetero, pueden coger un aerosol e insultarse vilmente en la pared de la habitación. Si esto no les calma, es que lo suyo es de atar, no tiene remedio.