Sensaciones

ALICIA FERNÁNDEZ

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

10 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

A VECES una se siente reconfortada cuando comprueba, con alivio, que la explicación sobre un asunto es algo sencillo y comprensible. Te relajas de la tensión que suponen los elementos no controlados en un proceso retorcido, alambicado. Como cuando de pequeña aquel ruido nocturno sospechoso se convertía en el crujir natural de la madera. Espero tener esa sensación cuando me expliquen problemas como el de la casa del edil Fajardo o la empresa Boinersa, demostrando que su génesis no obedece a cuestiones puramente políticas. Que los procedimientos en sí, no se ven superados y afectados por la persona o personas que los impulsan, pues de lo contrario sería inquietante. En todo caso, y al igual que la Coca-cola, la aplicación de la ley debe ser para los que ríen y los que lloran, para los ricos y los pobres, los que mandan y son mandados, para los guapos y los feos, las mujeres y los hombres... Porque eso, a los ciudadanos, también nos alivia y reconforta comprobarlo. El problema es que hablamos de Boiro. Un lugar en el que pintar un barco se convierte en cuestión de Estado. Una controversia a la que se apuntan con fruición los más variados prebostes, que entran al trapo aunque sólo haya sacado el pañuelo para sonarse una señora del tendido.