Urgencia en precario

| MONCHO ARES |

BARBANZA

CUANDO LOS ves actuar, parece que les va la vida en su quehacer. Se esfuerzan para salvar a los demás, sosiegan a los heridos, consuelan a los familiares y hasta lloran de impotencia cuando descubren que su descomunal esfuerzo no ha valido de nada. Muchos días se levantan de la cama instantes después de entrar en el primer sueño. No les aturde el repentino despertar porque la adrenalina se pone en marcha mientras la sirena deslumbra y resuena sobre sus cabezas. Regresan con el alba dispuestos a ganar unas horas de merecido descanso, cuando el teléfono vuelve a sonar porque alguien está en peligro. Y vuelven a ponerse en marcha. Están siempre dispuestos, hasta que el cuerpo aguante, incluso en días en los que la almohada es el asiento del todoterreno entre suceso y suceso. Su labor es impagable, pero la metáfora no justifica la precariedad de los grupos de intervención rápida.