Respetar los bienes públicos

| ANA GERPE |

BARBANZA

ES UN mal endémico que tiene difícil solución, el vandalismo. Los ayuntamientos de la comarca no sólo se ven obligados a destinar parte de sus presupuestos a reparar lo que otros estropean, sino que deben privar a los ciudadanos que respetan los bienes públicos de su disfrute porque hay gente que no sabe cuidar lo que es de todos. En Boiro, por ejemplo, el Ejecutivo ha decidido cerrar el parque de A Cachada por la noche para impedir que las farolas aparezcan rotas y los juegos infantiles destrozados. La única forma de acabar con esta lacra es que los autores de tanto despropósito paguen con la realización de trabajos sociales y, desde luego, con sanciones económicas que deberían salir de sus bolsillos, no del de sus padres. Tienen que articularse mecanismos para que los vándalos sepan que su acción no quedará impune, en otros países de Europa se han tomado medidas y, más o menos, funcionan.