LA LLAVE
23 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.ME GUSTARÍA saber si esos que se dedican a romper el mobiliario público hacen lo mismo en sus casas con las sillas, las camas y demás muebles. Incluso en el hogar más tolerante, al hijo o a la hija le cae un sopapo antes de que la osadía alcance al segundo objeto, y no pretende ser esta reflexión un canto a la violencia, muy al contrario, a la sensatez, porque hasta los psicólogos aconsejan el método expeditivo ante un caso de incontrol. Debe ser que se sienten amparados por la misma ley que vulneran, porque los amigos de destruir lo de todos no paran, y tanto les motiva un desprotegido arbolito como una farola, o el portal del vecino. Ahora que se anuncia una sociedad democrática perfecta, no estaría mal que aquellos que tienen la facultad de legislar se dejen de memeces y en lugar de multar a estos energúmenos, les impongan como castigo trabajos comunitarios. ¡Qué leche!