Panorama desde un puente

MAXI OLARIAGA

BARBANZA

MAXIMALIA | O |

29 sep 2015 . Actualizado a las 16:40 h.

SI NO yerro, la foto que acompaño la realizó mi abuelo Germán Olariaga con su vieja máquina de lentes bruñidas en Jena en las manuales industrias Zeiss que, años después, desmantelaron los rusos. Sostenía aquella caja mágica y oscura que dentro ocultaba un juego de luces, rayos rebotando de cristal en cristal, un trípode de madera noble articulado con brillantísimas bisagras de bronce. Así vio mi abuelo, el último ayudante de Marina no militar que en Noia hubo, el panorama desde el puente. Años más tarde, Pepe Esteirán, también hipersensible a la belleza, repitió desde el mismo punto esa fotografía. Ya sobre el puente discurre un escasísimo tráfico. Esa foto de Esteirán puede verse en muchos bares de Noia y, en algunos, quién sabe si por azar, el cliché fue revelado al revés, de modo que el tráfico discurre por la izquierda y los malecones, como tocados por el Mago de Oz, se orientan al sol de modo opuesto a la realidad. Es el síndrome de este pueblo mío. Un mundo al revés. Una señal, una impronta grabada a fuego vivo en el corazón que nos obliga a ir contra corriente, a visitar el paso de la vida contra la historia. Ya dije una vez que Felipe de Castro da su espalda a la Alameda, es decir, a la belleza. ¿Insólito? No, noiés. Aquí no se escucha a los profetas ni a los sociólogos ni a los historiadores ni a los científicos. No se escucha a la fauna que convive tranquila en los arenales del silencio con el único objeto de crecer, multiplicarse y alimentar nuestras necesidades. Aquí, como ya anunció el portentoso Quevedo, nos vuelve obtusos el tintineo del poderoso caballero... don Dinero. Las gentes de Eiroa se derraman con sus pancartas por los peldaños del Concello. Su delegación enviada al procónsul Fraga obtiene como única respuesta: se hará lo más barato. Y la gente se regocija porque cree, o desea hacerlo, que con esa respuesta el procónsul solamente insultó a los de Eiroa y no al pueblo entero. Lo dicho. Un mundo al revés. La última vez que pasé bajo este puente fue en el 94. En una motora deportiva patroneada por Alfonso Baltar y un amigo muy querido que falleció aquel mismo año. Julio Rechou. Cuando con la pleamar horadamos sus ojos, un silencio húmedo, un rumor de algas y sales marineras nos sobrecogió. Supe aquel día que podría morirme bajo aquel puente sin importarme nada. Allí descansa la paz perdida, el reposo necesario para doblar la esquina de la eternidad. Cuando yo era niño los marineros secaban sus redes al sol sobre los pretiles y conversaban mientras con sus agujas maestras reparaban los destrozos del último lance. Cuando yo era niño mujeres extremadamente gruesas cruzaban silenciosas el puente. No había tal obesidad. Bajo los chales o los abrigos entraban en Noia con el aceite, el café, el tabaco y el azúcar. Cuando yo era niño el horizonte era limpio y leal, los berberechos y las ostras jugaban al ajedrez interminables partidas mientras esperaban la mano del hombre. Cuando yo era niño Marilyn Monroe filmaba (1954) Río sin retorno , y Arthur Miller, que fue su marido, estrenaba su drama (1956) Panorama desde el puente . Cuando yo era niño el Cristo de Eiroa en su agonía contempló aquel horizonte despejado que mitigó sus últimos dolores. Cuando el procónsul dé la orden al centurión todo se habrá consumado. Miller y Monroe se divorciaron. Fue una premonición. Ella se quedó en un río sin retorno y él sin su panorama favorito. El panorama desde el puente.