DESDE FUERA | O |
06 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.NO QUISIERA hoy hurgar en llagas sociales como, a menudo, acostumbro a hacer. No quisiera hoy hablar de las elecciones generales ni de la menguada confianza que el orbe político inspira a los dóciles ciudadanos. Tampoco quisiera centrarme en asuntos tan espinosos como el de la construcción de la variante que partirá en dos el núcleo de Eiroa y que, según lo publicado en prensa el 22 de enero de 2000, es la menos viable de las opciones porque así se refleja en los informes emitidos por los entes técnicos pertinentes. Lo que ayer era un peligro para todos hoy, por arte de birlibirloque, ha dejado de serlo. Y, mientras, clareando de hambre, nosotros seguimos tragando como si nuestros estómagos fuesen un pozo sin fondo. No me apetece hoy ni siquiera mencionar la cuestión del retroceso cultural que de un tiempo a esta parte se ha adueñado de nuestras vidas, obligándonos a perseguir una zanahoria en la punta de una vara. Rodrigones que nos sustentan como a El Cid después de muerto haciéndonos creer que España va bien. No me siento hoy con ánimos de entretenerme con argumentos baladíes por lo que, si ustedes me disculpan y no tienen nada más que mandar, callaré.