DESDE FUERA | O |
26 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EL CLIMA político de Boiro, después de la mínima tregua que hay tras unas elecciones municipales, comienza a ser irrespirable. Lo normal, vamos: triste, desolador, nauseabundo... pero normal por estos pagos. El espectáculo está servido. Los que se marchan siguen dando la murga, los nuevos se zambullen en los errores de los viejos y todavía aparece algún artista invitado para animar un poco más, si cabe, la tragicomedia cuatrienal, que, como las películas de humor italianas de los sesenta, provoca risas de sabor amargo. Si una persona tiene la responsabilidad de velar por el cumplimiento de las normas urbanísticas, debe ser y parecer honrado en sus actuaciones personales. Si un empresario se siente perseguido, debe acudir a los juzgados con documentos y no a los medios de comunicación con los obreros. Cuando se quiere adquirir un bien para el concello se debe negociar con sus propietarios. Todo lo demás, declaraciones altisonantes, amenazas, insultos y miradas de póquer sólo valen para enturbiar la vida de un pueblo que cada día vive más al margen de sus políticos, dando lugar a la aparición de algún salvador que se ofrece a varios partidos para decirle cuatro cosas a un tercero. Lo dicho, deprimente.