El silencio de los boirenses

JUAN ORDÓÑEZ BUELA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

02 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL SALÓN de plenos del nuevo Concello de Boiro es similar al que había en la primera corporación democrática. Contaba con un espacio reservado a prensa y ciudadanos inferior al destinado para alcalde y ediles. Como quiera que las sesiones, por aquel entonces eran muy concurridas, alguien tuvo la ocurrencia de proponer el triple de metros invirtiendo los espacios para ambos grupos. Vivimos en una sociedad tan extraordinariamente consumista que el tiempo transcurre entre el televisor y las horas extras que se requieren para comprar este invento. Queda el tiempo justo para en el bar, componer las alineaciones del Madrid y Barcelona y de paso putear a los gobernantes. El problema es grave. Una democracia sin participación de los que la disfrutan es una forma de vida aborregada que conduce a la desidia y posibilita la corrupción de quienes la dirigen. Porque un pueblo avanza según lo empujen sus habitantes. Y a un pueblo se le escucha cuando al frente de él se encuentran sus ciudadanos con sus aplausos y sus quejas. Podrán culparse ustedes de mis inquietudes por la mejora de Boiro y de sus moradores, pero, por favor, no me culpen del silencio de los demás.