Esas monedas de tres euros

RAFA G. GARCÍA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

17 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL OTRO DÍA, en el portal de mi casa, me encontré con una moneda de tres euros. Con toda la amabilidad del mundo, aunque dominada por su retorcida naturaleza, intentó hacerse pasar por divisa de curso legal y, con falsa dignidad, pretendió hacerme ver que la gente como yo debería cerrar el pico y no opinar sobre ciertos temas. No debo, al parecer, hablar, por ejemplo, de las piedras destrozadas al lado del emblemático BBVA de Noia porque, según su mente niquelada, no es asunto mío. Me mostró, con la acritud propia del que se sabe falso y se siente descubierto, un raído recorte de uno de mis artículos publicados en este diario que, desde el pasado mes de octubre reposa en el bolsillo de su chaqueta y que, con toda seguridad, relee a sus amistades en un vano intento de hacerse pasar por lo que ya nunca podrá ser: un elemento digno de respeto. Escribir en columnas como ésta no está exento de riesgos. Vecinos, amigos e incluso familiares pueden llegar a mostrar sus dientes tratando de amedrentarte. Aunque, en realidad, no se dan cuenta de que esas actitudes nos dan alas para seguir haciendo lo que hacemos: firmar nuestras opiniones; cosa que no todo el mundo hace.