DESDE FUERA | O |
04 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.DEDICO ESTA columna a todos aquellos ciudadanos que dedican todo su tiempo a salvarnos, con total abnegación y en el más absoluto anonimato. Para ilustrar tan alta misión permitan la cita de dos casos. El primero de ellos se refiere al ínclito López Veiga, conselleiro de Pesca, que no ceja en su cruzada contra las tallas inmaduras en el marisqueo, instrumento básico de su política en este sector. ¿No defiende en Bruselas que el marisqueo es acuicultura? ¿No mantiene en Galicia que deben profesionalizarse? Si a la primera respondemos afirmativamente, lo que supone admitir el cultivo de las playas, y a la segunda también, lo que supone fijar objetivos de rentabilidad en base a criterios técnicos, ¿quién puede explicar el criterio intervencionista del teórico liberal López? El segundo caso se refiere a la celebración por parte de un grupo de mejilloneros de su victoria frente al chapapote. Creo recordar que en aquellos días había en Aguiño trabajando mucha más gente que los mejilloneros y, en todo caso, a los nietos habrá que contarles también que lo que salvó a la ría de Arousa fue el cambio en la dirección del viento al tercer día. La verdadera batalla se libró durante muchos más días en las diferentes playas de la comarca, gracias a los voluntarios y con muy poca gente de los sectores afectados en general y casi ninguna de ese en particular.