Un año no es nada

| MONCHO ARES |

BARBANZA

CADA VEZ que veo-escucho-leo que lo del Prestige sucedió hace un año se me ponen los pelos de punta, porque da la sensación de que no ha pasado tanto tiempo; aunque, bien mirado, las consecuencias de la marea negra no están de cumpleaños, porque aún siguen vigentes hoy, y ya se sabe que los aniversarios siempre se refieren a una fecha. Como la polémica permanece viva, quizás con la misma intensidad que el chapapote (hay, pero no tanto), es justo reconocer lo que expertos objetivos admiten, que se ha hecho una gran labor, mejor que la desarrollada con motivo de otros siniestros similares. Aquí pienso que de no haber existido la presión social que surgió de la nada, espontánea, de la sociedad; ni la riada de voluntarios que desbordó todas las previsiones, probablemente la situación actual sería muy distinta. Por eso todos estamos de moderada enhorabuena, no sea que el mar diga lo contrario.