«Este oficio engancha desde el primer día, es difícil dejarlo»

Hugo I. Ferrón RIBEIRA

BARBANZA

Entrevista | Ramona Vázquez Iglesias Exponente de un negocio tradicional cuya clientela es acechada a diario por mercadillos y grandes superficies, la patronal de Barbanza acaba de conceder a esta tienda su máximo galardón

21 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando Joaquín Vázquez y Encarnación Iglesias fundaron un domingo de marzo de 1928 Confecciones Regateiro, no tenían ni la menor idea de que llegaría prácticamente inalterable al año 2003 como uno de los negocios textiles con más solera de Padrón. Ahora, cumplidas ya las bodas de platino, la Federación de Empresarios do Barbanza acaba de premiar con el Dolmen de Ouro la dilatada trayectoria del establecimiento que actualmente regenta Ramona Vázquez Iglesias, hija de los fundadores. -Usted procede de una familia de profunda vocación mercantil. -Sí, mis padres se dedicaron toda la vida a este negocio e incluso mis abuelos ya eran comerciantes. Uno era platero y el otro invirtió el dinero que había ganado en América en un tienda de venta de paños y telas, muy parecido a éste y también aquí en Padrón. -¿Cómo fueron los primeros pasos de Confecciones Regateiro? -Poco tiempo después de que mis padres se casaran decidieron abrir este negocio. Lo inauguraron un domingo de San Lázaro y el éxito fue instantáneo. Mi padre me contó que la caja registradora no aguantó la primera jornada y se rompió debido al peso de las monedas de plata de entonces. Lo que más vendían eran telas, pero también disponíamos de productos de perfumería y zapatillería. -¿Dónde adquirían el género? -Desde el principio, mi padre viajaba periódicamente hasta Cataluña para adquirir él mismo las mejores telas. El único momento en el que pasamos dificultades fue durante la Guerra Civil, cuando hubo problemas de desabastecimiento. Tras la contienda, el género también nos llegaba de Madrid y, más tarde, desde Vigo y A Coruña. -¿Y cuándo le tocó el turno de llevar el negocio? -Fue a principios de los 50. Tendría unos 20 años, y, a pesar de que mis padres intentaron convencerme de lo contrario, insistí en que mi lugar estaba aquí; y hasta ahora. Este oficio engancha desde el primer momento, es difícil dejarlo. -Supongo que las grandes superficies les harán daño. -Sí, lo mismo que los mercadillos, pero nosotros tenemos una clientela fija que confía en nuestros productos y en el trato que les dispensa el pequeño comercio. -¿Qué ha significado para usted el Dolmen de Ouro? -Una ilusión enorme. Lo único que sentí de verdad es que no pudiesen disfrutarlo mis padres. El mérito de este negocio es de ellos.