Pisos con problemas

| MONCHO ARES |

BARBANZA

ES HABITUAL que los propietarios de nuevas viviendas habitemos los pisos cuando el último albañil aún no ha dado el retoque final. Nos parece que todo está preparado para disfrutar de nuestra mayor inversión, entramos y nos asentamos. Aquí el nuevo sofá, allá el espejo, en la otra pared el cuadro de siempre... En un pispás, piso ocupado. Llega la primera noche. El niño en el ordenador y el padre en la cocina, y la luz empieza a temblar... ¡cosas de lo nuevo! Al día siguiente bajamos la bolsa de la basura... ¡oh, sorpresa!, el contenedor más cercano está en el quinto pino. Decidimos llamar al Ayuntamiento y nos damos cuenta de que no tenemos teléfono porque no hay línea... ¡esta casa es una ruina! Es la primera impresión, cuando la realidad es que nos hemos adelantado al sistema, carecemos de lo esencial: la licencia de primera habitabilidad. Sin ella, no hay piso. O sí, pero en precario e ilegalmente.