Lo próximo también es bello

| MONCHO ARES |

BARBANZA

NOS QUEDAMOS tan absortos viendo las ofertas de vacaciones con las que nos bombardean las principales operadoras que no nos paramos a mirar lo que tenemos. Puede que sea la fuerza de la costumbre la que no nos deje reparar en el privilegio de vivir donde vivimos. Propongo al lector que, para pasar el duro invierno, se marque unas rutas ya mismo, por aquello de no dejar pasar esas ansias que nos quedan de disfrutar del día después del verano. La primera, que no tendrá perdón de Dios si no la hace el aventurero impenitente, es la de las casas de turismo rural. Si el bolsillo se lo permite, disfrute de la variedad de ocupaciones y pase al menos una noche en ellas. La tranquilidad, el aire puro, lo sencillo son claras amenazas para el estrés y enemigos de la rutina. No crea que son pocas las opciones que hay en la zona, no, hay muchas y variadas, cerca del mar, del río, del monte y hasta del paraíso.