Lo que el medievo se llevó

Sara Ares CORRESPONSAL | NOIA

BARBANZA

ARES LEMA

Reportaje | Noia redescubre su pasado Cientos de personas retrocedieron ayer varios siglos para saborear la magia y el encanto de los mercados que se celebraban en la época de mayor esplendor de la villa noiesa

12 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Cierre los ojos, como en la famosa película de Amenábar. Imagine que emprende un viaje de regreso a los siglos XII, XIII o XIV, por poner un ejemplo. Vuelva a abrirlos y si se halla en la época soñada, entonces es que está usted pisando suelo noiés y disfrutando de su sexta feria medieval, que desplegó ayer velas con cientos de feirantes transitando por las calles y plazuelas de su zona monumental. La timidez mañanera, con una escasa afluencia de espectadores, se fue poco a poco disipando hasta que el bullicio se adueñó del casco antiguo, sobre todo a última hora de la tarde. El sol y sus pocas ganas de trabajar en sábado favorecieron la mutación de bañistas en feriantes. Más de uno echó de menos algunas paradas de la pasada edición, como la sidrería que se montaba con todos sus cachivaches a la entrada de la rúa do Curro o un puesto de chocolates que alimentaba con sólo oler las tabletas. Bien es cierto que en esta ocasión se instalaron menos mercaderes que en el 2002, dejando huecos que saltaban a la vista en puntos como la Fanequeira o la esquina del Curro con Oviedo Arce. También en la animación se dejaron sentir ausencias significativas, como las del juglar Crispín D'Olot o un maravilloso y divertido espectáculo de fuego, trapecio y malabares que lograba atraer, como si del flautista de Hamelín se tratase, a auténticas multitudes hasta la praza do Tapal. Para contrarrestar estas faltas, nada mejor que la fidelidad que guardan a Noia personajes como el mago Zapata, que encontró en el alcalde una víctima más a la que colgar de un ojal de la camisa uno de sus ingeniosos inventos. Los arqueros medievales volvieron a causar furor, al igual que las aves de presa. Daniel Piñeiro y Francisco González, de Rois y A Pobra, se emplearon a fondo para que buhos, halcones, lechuzas y águilas de Harris cautivaran al público con sus impresionantes retinas. Pero, el mercado recibió además la visita inesperada de un habitual de la praza do Obradoiro, el peregrino Zapatones. Ya en el terreno de la alimentación, los noieses se llevaron la palma, con paradas ya consagradas como las de Amas de Casa y Ría de Noia. El callejón del Trabuco se convirtió de nuevo en cama de «flaxelacións, masaxes e orgasmos salvaxes» y Manuela Vázquez y su escuela de palillo dieron una lección de arte.