Un día a la semana sin postre

RAFA G. GARCÍA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

28 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ALLÁ POR el año 1936, ya comenzada la Guerra Civil, era costumbre de los delegados civiles y alcaldes promulgar bandos públicos exigiendo a la población todo tipo de barbaridades, algunas de las cuales, por el olor surrealista que los envuelve, provocaba todo tipo de sentimientos encontrados. En el archivo municipal de Noia existen varios kilos de bandos promulgados en los años de la guerra y durante la represión que no tienen desperdicio; se les aprovecha hasta el polvo que tienen. La mayoría son comunes a los decretados en el resto de la una, grande y libre España, como los referentes al día del plato único o al día semanal sin postre. Concretamente, en Noia eran los viernes y los lunes, respectivamente. En una ocasión, el alcalde Fermín Álvarez Mesa y Menéndez «comunicó» que todos los establecimientos públicos con radio o altavoces quedaban obligados a sintonizar ciertas emisoras de modo que las oyese el público del interior y del exterior. La operación se repetía cinco veces al día. Todo ello, siempre con la pertinente advertencia de que cualquier omisión que se produjese sería causa de la oportuna sanción. Sin lugar a dudas, precoces ensayos de hipnosis colectiva.