Aquel Primero de Mayo

|MONCHO ARES |

BARBANZA

LA LLAVE

01 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

A VECES da la impresión de que el mundo se para. Cuando uno entra un día festivo por la mañana en Ribeira tiene la sensación de que, como las viejas películas del Oeste, el pistolero ha llegado a la ciudad y todos los vecinos han huido a refugiarse detrás de las puertas de sus casas. Las calles están desiertas. El único movimiento es el de los papeles que esquivaron la normativa de limpieza y disfrutan de sus últimas horas volando de una a otra acera. Sobran los sitios para aparcar, y uno coge y se va a la plaza más demandada por el automovilista de diario y deja el coche estacionado de par en par. Parece que el vetusto vehículo se estira sobre su lecho, revolviéndose en ese espacio que tanto escasea cuando la vida vuelve. Ayer era el Primero de Mayo, aquel día que fue en Barbanza cuando las pancartas, tan denostadas por algunos últimamente, recorrían las calles que hoy vuelan los papeles.