Cientos de vecinos y visitantes acudieron el domingo a la degustación del crustáceo a la parroquia carnotana, aunque el marisco era foráneo debido al vertido del «Prestige»
21 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Domingo de Pascua. Mientras cientos de voluntarios procedentes de toda España se afanaban en limpiar los arenales carnotanos, numerosos vecinos y visitantes rendían culto en la parroquia de Lira a un marisco muy peculiar y conocido en la zona: el centollo. La comisión de fiestas de la localidad creía más que necesario homenajear al crustáceo más importante del lugar, cuya reputación quedó en entredicho por culpa del vertido de chapapote procedente del Prestige , hace ya más de cuatro meses. Una idea excelente. Pero había un pequeño problema. La costa de Carnota permanece cerrada a cal y canto a cualquier actividad profesional. No se puede sacar ni una sola especie, ya que todavía hay galipote en un mar enfurecido, que está herido por culpa de unos desaprensivos que en lo único que piensan es en ganar dinero transportando unas sustancias muy peligrosas en embarcaciones en pésimas condiciones. Materia prima Pero la idea no se podía detener. La falta de materia prima en el lugar obligó a los responsables de la fiesta de exaltación, a buscar en otras latitudes. Así, el domingo había en Lira un total de 500 raciones de un crustáceo foráneo, que fue degustado por cientos de personas. Se notaba, se palpaba, se comentaba, que como el marisco de casa, ni hablar. Pero lo que importaba era rendir un más que merecido homenaje al centollo. El éxito se consiguió a pesar de los diez euros que costaba la ración, en la que se incluía además del pan, una botellita de vino para mojar. La experiencia contó con los parabienes de los asistentes. Incluso, se piensa ya en repetir el año próximo. Pero de lo que sí estaban convencidos los participantes en esta primera edición, es en que los centollos serán de aquí, de este mar enrabietado que aún está manchado de un negro y espeso chapapote.