?oluntarios con palas en la arena y marineros con trueles en la mar; bocadillos, zumo y hasta café caliente como rápido refrigerio a pie de playa; acabada la jornada, plato de paella en una lonja que se ha arrogado la función de cocina-comedor; por la noche, un cigarrillo y para cama... en el gimnasio de un colegio. Día tras día, la televisión bombardea al espectador con imágenes tal cual éstas, usualmente acompañadas de merecidos elogios hacia quienes sudan la gota gorda recogiendo chapapote. Tanto se repiten, tan cotidianas son, que uno acaba por identificar la palabra «solidaridad» con un tipo enfundado en un mono intergaláctico. Se cumple entonces un conocido dicho: a veces, los árboles no dejan ver el bosque. Porque detrás de cada pala, cama, café caliente y plato de paella se esconde todo un engranaje de filantropía. De manera más o menos discreta, han sido legión las personas y entidades que contribuyeron de algún modo a limpiar la Barbanza petroleada. Va siendo hora de sacarlas a la luz. Dado que resultaría imposible mencionar a todas ellas -unas, por falta de espacio; otras, porque se les ha olvidado a quienes llevaban la cuenta-, disculpas por anticipado. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Cocina y comedor En el principio fue una carpa. Los voluntarios que trabajaban en las costas de Lira -las más castigadas por el fuel de todo el área barbanzana- no tenían un sitio donde comer al abrigo de las inclemencias del tiempo. Hasta que la Fundación Lonxanet gestionó la traída de una enorme carpa para guarecerlos. Allí caben hasta cuatrocientos comensales sin apretarse mucho. Y después fue la cocina. Porque había un techo para cobijarse, pero no un fuego para preparar comida caliente. Tuvieron que ser unos cocineros de la localidad catalana de Parets del Vallès quienes, un buen día de diciembre, se acercaron a Carnota para traer fogones y cacerolas.En cuanto a las bandejas de acero inoxidable, los platos de metacrilato, el lavavajillas industrial y las dos freidoras, hay que agradecérselo a la federación de cofradías de Gerona; y a Fagor, una cocina industrial, dos lavavajillas y dos cacerolas, cada una con capacidad para 200 raciones. En cuanto a la lonja de Aguiño, los distintos electrodomésticos fueron cedidos por tiendas como Master y Electro Vidal; Juan Martínez puso los termos; platos, vasos y cubiertos de plástico vinieron del Hipercor de Santiago; Galp y Ponte Paz Gas se encargaron de aportar butano.También hay que agradecer la contribución, entre otros, de Azucareras La Bañeza, Cafés Barbanza, Haley, Coren, Danone, Donuts Galicia, El Corte Inglés, Alcampo, Prodemar, Frinsa, Repsol, Consum, Aguas del Montfemy, Carrefour, Pizza Móvil, Schweppes, Cocacola y una miríada de bares, restaurantes, carnicerías, congelados, tahonas, bodegas, fruterías y supermercados. Ah, y por supuesto, a las asociaciones de mejilloneros.