DESDE FUERA
30 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.ES AMARGO advertir cómo la gente de la mayor parte de los pueblos de las comarcas de Barbanza, Muros y Noia sigue viviendo de ilusiones de segunda mano, esperando que un dios primitivo les saque del pozo en el que se saben atrapados; como las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres, convirtiendo a incipientes seres humanos en meras bestias desquiciadas por el ambiente que siempre han respirado; como ya nadie se da cuenta de que nunca aparecerá ese héroe invencible que, como Pepa a Loba en los cuentos de viejos, será capaz de diezmar a las huestes que nos oprimen, liberándonos para siempre. Tendremos que seguir tragando la bilis que nos producen nuestros problemas mientras no seamos conscientes de que la única forma de mejorar nuestras vidas es ofrecer ayuda al vecino, al amigo. Aseguraremos así un futuro más prometedor. En la casa del descalzado no entran ya los ancianos. Al amo le han quitado un zapato y escupido a la cara porque eso es lo que se hace con los hombres que no sostienen la casa de su hermano. Recemos porque no nos ocurra como a aquel que, viendo que no podían ponerle una cabeza católica, al menos le cortaron la protestante.