La fiesta de Roque

Ramón Ares Noal
M. Ares RIBEIRA

BARBANZA

SIMÓN BALVÍS

El loro del bar Rodas de Boiro celebró su santo y su décimo aniversario Al animal le regalaron una copa repleta de su comida preferida, pipas de girasol

21 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A El peculiar loro del bar Rodas de Boiro vivió por todo lo alto la doble festividad de su santo, Roque, y su décimo cumpleaños. Los invitados se contaron por centenares y la celebración no desmereció la de los grandes personajes del papel cuché: música, bombas de palenque, lucería y cerveza para todos. Empanadas de calamares, mejillones, zorza y lomo, sin olvidar el característico molusco que distingue al establecimiento veraniego de la avenida de Barraña -sólo abre en julio y agosto-: mejillones al vapor. En torno a las once de la noche de anteayer, una enorme copa de cristal repleta del manjar del alado animal -las pipas de girasol- irrumpió en medio de una amplia concurrencia de amigos y allegados al loro Roque, portada por su propietario, Manuel Piñeiro Sánchez, con dos dígitos en tono bermellón recordando los años que el loro forma parte de la familia: 10. Ambos números sostenían en lo alto sendas llamas que rompían la oscuridad del solemne acontecimiento. Los asistentes entonaron el «cumpleaños feliz, cumpleaños feliz...», acompañados por los acordes de la charanga Os trompos das nicras y cerveza para enjuagar la letra. Roque, mientras, seguía impertérrito todo lo que sucedía a su alrededor. Cuando sonaban las gaitas del grupo Arume parecía guardar una respetuosa y rígida postura; y cuando lo hacía la charanga, se animaba a emitir alguno de sus característicos sonidos. Eso sí, como la ocasión lo merecía, se guardó el repertorio de insultos que cada día dedica a la clientela que osa interrumpir su tranquila estancia. Al sonido de la campana «invito yo» empezaron a correr el zumo de la cebada y las viandas. Incluso Roque tuvo la oportunidad de saborear las empanadas, pero sus ojos se escapaban, irremediablemente, hacia la enorme copa de frutos secos que se levantaba a escasa distancia de donde estaba su jaula. En el establecimiento se celebraba el santo del loro, pero también el cumpleaños. Debió ser la duplicidad de efemérides lo que invitó a Manuel Piñeiro a brindar al ave la más sonada de sus fiestas, en la que fue la tercera edición. Peculiar fue la celebración en un lugar que no lo es menos, porque el Rodas es un veraneante fijo del estío boirense, donde se mezclan estilos decorativos, cerveza corrida de la que gusta a los que entienden, tapas variadas y mucho mejillón.