EL VERANO ya llegó y se ha asentado definitivamente en Barbanza. Vuelven las mismas rutinas de todos los años. Muchas localidades, que en invierno parecen pueblos abandonados del salvaje oeste, se llenan de alegría y colorido durante unos meses. Miles de visitantes acuden a la zona a disfrutar de las playas, las fiestas y la gastronomía -la mejor del mundo, dicen los entendidos-. Pero no todo es tan positivo. Por desgracia, las carreteras de la comarca no parecen estar preparadas para soportar un aumento del volumen de tráfico, lo que convierte el regreso de las playas -o cualquier otro trayecto similar- en un suplicio que tienen que padecer todos los automovilistas bajo un sol de justicia. Las caravanas son ya una de las características principales del estío. Otros de los problemas habituales son los incendios forestales, que suelen azotar los montes de la comarca durante estas fechas. En la temporada que llevamos, parece que los instintos pirómanos se han calmado bastante. ¿Cuánto tiempo durará esta situación? Esperemos que éste sea el verano en el que desaparezcan. Y para el 2003 habrá que empezar a recomendar el uso de la bicicleta.