Las visitas, la asignatura pendiente

La Voz

BARBANZA

Que se respete el horario de visitas y el número máximo de acompañantes es el caballo de batalla de la mayoría de los hospitales del país. Y el Barbanza no es una excepción. Natalia Gil sostiene que el abuso supone una falta de respeto no sólo para el personal del centro, que se ve impedido en el ejercicio de su labor, sino también para el compañero de habitación del enfermo. Además, el que haya más visitas de las permitidas va en perjuicio del propio ingresado. «Muchas veces el paciente acaba con dolor de cabeza o unas décimas de fiebre», dice la enfermera. A juicio de la enfermera, el horario de visitas en el centro es lo suficientemente amplio como para que no se tuviesen que producir semejantes menoscabos, ya que comienza a las dos de la tarde y acaba a las nueve de la noche. Además, cada habitación cuenta con su correspondiente teléfono. Dos son el número de acompañantes permitidos, y dos son las tarjetas que se le da a cada paciente para que puedan hacer uso de ellas sus amigos y familiares. El problema es que el personal de seguridad del centro todavía no está preparado para ejercer un control estricto sobre el uso de las mismas.