El concejal de origen barbanzano también ha sufrido, como todos los norteamericanos, las consecuencias de los atentados del 11 de septiembre. -Esto ha sido un golpe tremendo, un ataque a la democracia mundial. Nunca nos imaginamos que podría pasar eso. Nuestro sistema de vida ha cambiado. Nunca habíamos sufrido guerras en casa, y nos ha cogido desprevenidos. Como resultado, ha nacido una unidad muy grande, sin diferencia de partidos. El pueblo americano ha perdido dinero y trabajo, pero la gente no sufre por eso. Quiere volver a sentirse en poder de su propia vida. Si alguien no tiene dinero, otra persona puede dárselo. -¿Hasta qué punto ha llegado esta unión de los norteamericanos? -En este momento estamos muy unidos. No hay discriminación ni racismo. Por todos lados se encuentran carteles con la inscripción God bless America. Algunas personas ateas los denunciaron ante el Tribunal Supremo, pero, por primera vez, la Corte les impidió retirarlos. Más del 60% de los coches llevan banderas norteamericanas en sus antenas. Hay un gran orgullo y patriotismo. A mí el atentado contra las torres gemelas me afectó directamente, porque mi hija trabajaba en el World Trade Center. Ese día, tuvo que volver a casa caminando. Mi hijo, que estaba en la universidad, fue a alistarse. Y yo estoy muy orgulloso de la decisión que tomó. Después se produjo el accidente aéreo en Queens. En ese barrio está el centro español. Cuando sucedió la tragedia, llamé allí para saber lo que había pasado. Torres Colomer se puso en contacto conmigo para asegurarse de que todos estábamos bien.