Los vaivenes del séptimo arte

M. J. MIYARES RIBEIRA

BARBANZA

La villa noiesa contó con tres salas de proyección de cine en la mitad del siglo pasado Corría el año 1945 «ou o 46 cando se abriu o Cine Galicia» en Noia, recuerda Manuel Barreiro, hermano de uno de los fundadores. Fue el primero. Luego daría la bienvenida al Felipe de Castro y al coliseo Noela -como local de proyección- en los 60, cuando convivieron las tres salas. Después llegó la oscuridad del séptimo arte, hasta la apertura de los multicines.

21 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Majestuoso, con grandes focos y unas 400 butacas. Así recuerdan en Noia al Cine Galicia, el pionero, que abrió sus puertas en la calle Comercio. Lo fundaron José Barreiro Fernández y Ramón Pérez Noya. Eran los años 40 y en la villa ya había abierto sus puertas el coliseo Noela, aunque éste sólo funcionaba como sala teatral o lugar de encuentro cultural, hasta que la empresa Fraga lo abrió como cine. Pero esta experiencia no tuvo lugar hasta los 60 y se prolongó hasta mediada la década de los 70. Mientras tanto, el Cine Galicia era establecimiento de cita social, los domingos por la tarde, de los vecinos de la villa. «Había tres funciones», rememora Manuel Barreiro. En su pantalla se desnudó Eva y un americano visitó París. Ramón Pérez Noya O Vianés, uno de sus propietarios, se desvinculó del Galicia y fundó otra sala de proyección, que bautizó como Felipe de Castro, y abrió sus puertas en 1963 en la rúa do Curro. Fue la época en la que se bailó el último tango en París. Pérez Noya se lo pasó a su hijo, quien lo regentó durante los años 70, y éste lo dejó en manos de su hijo, Segundo, cuando murió. «Hice de todo», recuerda. «Fui taquillero, acomodador...», dice. Y es que su vida siempre estuvo vinculada al cine familiar. Al contrario que el majestuoso Galicia, el Felipe de Castro era muy simple en la decoración, «pero muy grande, enorme, demasiado largo», apunta el nieto del fundador. En la parte de abajo, había 460 butacas, mientras que en la de arriba, o galiñeiro, cabía todavía más público. Pero la sala entró en decadencia y «con gran pena tuve que cerrarlo», apunta su último regente. Ahora, las proyecciones esporádicas en el coliseo Noela y la apertura de los multicines colman la gran afición cinéfila de los vecinos de la villa.