Fina Calleja, actriz de la compañía profesional gallega
01 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Fina Calleja es una de las actrices de Sarabela Teatro y no sólo interpreta a Rosaura en la obra Sexismunda, que se representó el sábado en Ribeira, sino que también ha sido una de las tres responsables de la adaptación al gallego y al escenario de La vida es sueño. -¿Cuántos años lleva Sarabela encima de los escenarios de toda Galicia? -El grupo, que nació de una asociación cultural, lleva funcionando veinte años, pero profesionalizado, diez. En este tiempo nadie abandonó la compañía, que sí recibió incorporaciones. El gran valor es el trabajo en equipo y fuimos, siempre con Ánxeles Cuña como directora, hacia la consolidación de un lenguaje propio. -¿Qué caracteriza a esta adaptación de «La vida es sueño» de Calderón? -Es una adaptación desde una perspectiva respetuosa con la potente y sabia estructura original de la obra, pero con una óptica contemporánea para acercarla al espectador de hoy. Aparte, hay modificaciones en el texto para dinamizar el ritmo; y se alterna verso y prosa. Y, en general, la escenografía, el vestuario, todo forma parte de una propuesta estética para encuadrar los temas universales que plantea la obra en un marco atemporal. -¿Hay alguna razón especial detrás del cambio de sexo de Segismundo? -Fue también para acercar la historia al mundo actual. Es interesante un príncipe al que se le niegan los derechos desde su nacimiento convertido en mujer, porque plantea el debate de la situación de la mujer y ofrece otra mirada. -¿Qué aspecto de la representación destacaría por su dificultad o novedad? -El gran atractivo es que por primera vez se pueden escuchar los magníficos versos de Calderón de la Barca en gallego; lo cual fue también la primera dificultad, adaptar la obra al idioma de aquí. -¿Quién se encargó de la traducción y las reformas? -Repetimos el equipo dramatúrgico que adaptamos la novela de Rivas, O lapis do carpinteiro: Begoña Muñoz, Ánxeles Cuña y yo. Fue una labor costosa pero placentera. Cambiando el género del protagonista modificamos las relaciones de los personajes y resolvimos un final más abierto.