MARÍA JOSÉ MIYARES CRÓNICA Fundado en 1957, el colegio María Assumpta de Noia ha visto pasar por sus aulas a numerosas generaciones de alumnos «Una más una dos, dos más dos cuatro...» La tabla de sumar es uno de los cánticos más repetidos, el que más veces han «escuchado» las paredes del colegio noiés de las Hijas de Jesús María Assumpta. Fundado en 1957, el centro educativo ha visto crecer a varias generaciones de niñas, a las que, con la modernidad, se sumaron los varones. De Muros, Boiro, Ribeira e incluso Santiago y A Coruña llegaban las alumnas en los primeros tiempos. Como en la actualidad, se les inculcaba el ideario de la congregación religiosa: especial hincapié en los valores, un buen nivel académico y un gran interés por las necesidades de la persona.
29 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Corría el lejano año 1957 cuando doce monjas desembarcaban en el Pazo del Oro -en aquel momento propiedad de la religiosa de la congregación María Teresa Varela, hija del vizconde de San Alberto,- para poner en marcha un colegio. Pero llegaron un poco tarde, con el curso ya empezado, y el primer año sólo corretearon diecisiete alumnas por los pasillos del edificio, que recibían lecciones de aritmética o geografía bajo el incomparable marco de una sólida y robusta construcción que olía a antiguo y que, por sí misma, ya formaba parte de la historia. Un edificio cuyas alcobas se convirtieron en aulas o la cochera en el patio de juego de las pupilas, que, además de formarse académicamente, estaban internas. Y es que las malas comunicaciones impedían a las jóvenes retornar cada noche a sus hogares, algunos en poblaciones cercanas como A Serra, Boiro o Pobra, pero otros en la capital compostelana o en la herculina. Casi medio siglo después Desde aquellos primeros tiempos han pasado 54 años. En el camino quedan numerosos cambios. Uno de los principales es que el pazo dijo adiós a su pasado como colegio. Y el alumnado, que hoy en día supera la barrera de los 600, tuvo que coger sus bártulos mediada la década de los setenta y trasladarse a un nuevo edificio, mucho más moderno y adaptado a las necesidades que se plantean en la actualidad. «Pero el tipo de enseñanza sigue siendo el mismo, basado en el ideario de la congregación Hijas de Jesús», apunta Maribel Pardavila, una de las monjas. Eso sí, a la vez que en los pasillos se va equiparando el número de rostros masculinos al de femeninos, aumenta también el profesorado seglar frente al religioso. «Son 31 docentes externos y somos ocho hermanas», indica la madre Marina, que ha visto pasar por sus aulas de párvulos en la pequeña casita prefabricada del recinto «a niñas que después fueron madres y trajeron también a sus hijos». Precisamente desde esta pequeña construcción se ve, hoy en día, un pabellón polideportivo cubierto, que se levantó hace unos cinco años y en el que los alumnos pasan buena parte de su tiempo libre durante el curso, que comenzará el próximo día 13 de septiembre. También se contemplan los cuidados y coloridos jardines que rodean todo el recinto y de los que la madre Marcelina, una de las fundadoras, está continuamente pendiente para que las plantas y las flores crezcan sin problemas. La tranquilidad y el silencio embargan estos días el colegio, ubicado en la avenida Vizconde de San Alberto. En dos semanas, la algarabía y el bullicio de los alumnos tomarán el testigo de la calma que se respira en verano.