«El bañista nunca se debe fiar del mar»

M. J. M. / M. X. B. RIBEIRA

BARBANZA

Francisco Romay Sieira, técnico de salvamento acuático en Coroso Francisco Romay Sieira se mueve -nunca mejor dicho- como pez en el agua en la playa. No en vano es socorrista. En invierno, desempeña su actividad en la piscina ribeirense de A Fieiteira. Pero en la época estival coge los bártulos de salvamento y cambia de escenario. Permanece muy atento a todo lo que ocurre desde el mediodía hasta el final de la tarde en la playa de Coroso, también en el municipio de Ribeira. Romay habla claro: la prevención es su lema, su «leiv motiv», algo fundamental para que una jornada de ocio transcurra sin sobresaltos. En ello tiene mucho que ver el bañista.

02 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Su trayectoria profesional como vigilante comenzó hace tres años. Técnico en Salvamento y Socorrismo Acuático, Francisco Romay dice que «no es mejor vigilante quien más salidas hace, sino el que previene el tener que efectuarlas». De este modo, continuamente se pone sobre aviso a los bañistas de los peligros con los que pueden toparse. Se esfuerza en que se sensibilicen sobre las dificultades con las que pueden toparse al comportarse con demasiada osadía o sin tomar las oportunas precauciones. -La televisión emite imágenes de vigilantes de la playa cachas y que afrontan las situaciones delicadas como «supermán», ¿es un reflejo de lo que sucede en las playas barbanzanas? -Sí hay situaciones de peligro de ahogamiento, pero también atendemos muchos casos de cortes de digestión, picaduras de fanecas e insectos, cortes con las rocas... -¿Cuál es el peor día para un socorrista? -Sobre todo, los fines de semana porque viene mucha gente. Además, en las playas consideradas tranquilas, como la de Coroso, acuden numerosas familias con los niños, por lo que hay que tener un especial cuidado. -¿Y las personas consideradas «más peligrosas»? -Las que se confían. Siempre digo que no hay que confiarse nunca, aunque la playa no sea peligrosa. La gente en Coroso, por ejemplo, nada hasta demasiado lejos porque no hay olas ni corrientes fuertes. El problema llega cuando el cansancio hace acto de presencia y se ven incapaces de regresar por sus propios medios hasta la orilla. -¿Quién se fía más a la hora de darse un chapuzón: los turistas o la gente de la comarca barbanzana? -Sin duda, los vecinos de los municipio de esta zona. Las personas que vienen de fuera son más precavidas, porque desconocen las playas y, además, le tienen mucho más respeto al mar. Por este motivo, a la hora de bañarse suelen tener mucho cuidado y no lanzarse a la aventura. -Salvar vidas debe ser una labor muy gratificante... -Sí, lo es. Pero es mejor no tener que verse en la situación porque eso significa que fuiste capaz de prevenir el peligro. -¿Hubo algún momento en el que creyese que no era capaz de salvar a una persona en apuros? -Recuerdo un momento muy complicado el año pasado aquí en Coroso. Había un trampolín en el agua y un chaval se fue nadando hasta allí y, después de muchas horas al sol, le dio una lipotimia y fue complicado sacarlo y que recuperase las fuerzas. -¿Qué consejos daría a los bañistas que acuden a los arenales? -En primer lugar y como ya dije anteriormente, que no se fíen nunca del mar. Además, es importante que naden en paralelo, nunca en vertical hacia fuera. Es fundamental, asimismo, que los bañistas se protejan adecuadamente del sol, porque también atendemos muchos casos de insolaciones y de quemaduras en la piel.