Menús para gente menuda

MARÍA J. MIYARES RIBEIRA

BARBANZA

C. QUEIJEIRO

Alrededor de setecientos escolares barbanzanos utilizan el servicio de comedor, que incluyen muy pocos centros educativos de la zona La comida caliente en el plato sigue esperando en casa al mediodía a la mayoría de los niños escolarizados en los centros educativos de la zona. De los cuarenta colegios que imparten clases de educación infantil y primaria, no llegan a diez los que ofrecen el servicio de comedor. De estos, sólo dos son públicos, por lo que, en el resto, privados o concertados, los padres tienen que pagar entre las siete y las trece mil pesetas (78,13 euros) mensuales para que sus hijos dispongan de dos platos y postre a la hora del almuerzo. Por lo general, los usuarios son críos que no regresan al domicilio porque residen lejos de la escuela.

19 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

De los centros públicos de la zona, sólo el Praia Xardín de Boiro y el Castelao de Rianxo tienen comedor. En el colegio boirense, la Consellería de Educación subvenciona totalmente la comida de 86 chiquillos cuyos domicilios están demasiado lejos de las instalaciones y no disponen de medio transporte al mediodía. Otros 36 se quedan pagando una pequeña cuota mensual. El comedor del Castelao de Rianxo también está financiado por la Xunta y los padres se limitan a aportar unas cantidades voluntarias. De los niños escolarizados en la comarca barbanzana, tan sólo se quedan setecientos a almorzar en el cole: «Es una buena forma de que aprendan a comer de todo», asegura la directora del María Assumpta de Noia, que ofrece el servicio de a más de cincuenta alumnos. El objetivo de todos los colegios es que los chavales ingieran una dieta sana y equilibrada, «por lo que confeccionan menús complementarios para que no les falte ninguna vitamina», asegura la responsable de A Milagrosa. «Como las verduras no suelen ser de su agrado las camuflamos haciendo purés», apunta un responsable del Jaime Balmes. Los menús suelen coincidir en los ingredientes. De primero, un plato caliente, ya sea sopa, puré o lentejas; de segundo, carne o pescado. Y de postre, piezas de fruta o, de vez en cuando, dulces. «También intentamos que adquieran ciertas normas que hay que seguir en la mesa», mantiene el director del colegio García Bayón de Ribeira. Vigilancia Varios profesores ayudan y vigilan a los niños, sobre todo a los más pequeños, durante el almuerzo y en el rato de juegos que sobra antes de que se retomen las clases. Los chiquillos, aunque en ocasiones protestan, suelen estar contentos. Y los padres también: «Ó principio dábanos pena, sobre todo á súa nai, pero é moi bo para que aprenda a relacionarse», mantiene Antonio, cuya hija, Carla, come desde hace un año en el centro preescolar Sagrada Familia de Escarabote y aún no ha soplado las tres velas.