El astillero de Cabo de Cruz Triñanes Domínguez estrena rampa-varadero botando una embarcación mejillonera Cuando las principales empresas del sector naval se tambalean por la falta de contratos, los astilleros tradicionales en los que predomina la carpintería de ribera remontan el vuelo, esa es alguna de las conclusiones extraídas de un acto que tuvo por escenario, el pasado lunes, la empresa Triñanes Domínguez, de Cabo de Cruz, que estrenaba rampa-varadero y la mejor forma de hacerlo fue botando una embarcación mejillonera. Al acontecimiento asistió un centenar de personas, entre las que se encontraban las autoridades locales boirenses. El «Ferlai» tocó el agua de la ría de Arousa tras recibir el tradicional botellazo en la popa.
22 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El astillero Triñanes Domínguez es uno más del sector de carpintería de ribera que empieza a salir del túnel que sumió al colectivo en una larga crisis. Y la mejor prueba fue la inauguración de una rampa-varadero cuya construcción costó unos veintiséis millones de pesetas y su objetivo principal es diversificar la actividad. Gerardo Triñanes, gerente de la empresa, explicaba que hasta ahora sólo construían barcos y no tenían posibilidad de repararlos: «Agora non só temos a alternativa de afrontar o arranxo ou mantemento dos de madeira, senón incluso dos de ferro e poliéster, para o que fixemos uns cursos de adaptación do persoal». En el astillero trabajan once trabajadores, de los cuales seis son artesanos profesionales y los restantes se están iniciando en la actividad: «O oficio está en horas baixas, porque non saen especialistas. A Administración debería promover esta rama profesional», reflexiona Gerardo Triñanes. Desde el año 78, han «nacido» en el taller situado en O Chazo unas 150 naves, la última de las cuales tuvo el honor de inaugurar la rampa. Se trata de un mejillonero de diecisiete metros de eslora, cinco de manga y 1,80 de puntal, hecho para el empresario Antonio Fernández Pérez. El casco de la nave ha sido realizado con maderas nobles y los más modernos materiales que permiten garantizar el barco por unos quince años. Gerardo Triñanes mantiene que la madera es el mejor material para los barcos, por hacer la nave más manejable, tiene más flotabilidad y seguridad que el hierro o el poliéster; no obstante señala que cada vez se combinan más los tres materiales en una sola embarcación, que son compatibles.