Ribeirenses al otro lado del charco

MAITE MOSQUERA RIBEIRA

BARBANZA

SIMÓN BALVÍS

Vecinos emigrados en Estados Unidos regresan en verano a la comarca para ver a su familia y mantener las costumbres gallegas New Jersey (Estados Unidos) es desde hace años la casa de muchos vecinos de Ribeira que un día -obligados por las circunstancias laborales o empujados por otros que emigraron antes- decidieron cruzar el charco en busca del «sueño americano». Se fueron hace tiempo, pero regresan cada vez que tienen ocasión para ver de nuevo a sus familiares y amigos y para hablar gallego con acento americano. Algunos han comentado las diferencias más importantes que encontraron tanto al irse como al volver. Estas tres familias que viven en Carteret, Brick Town y Nemburg son sólo tres ejemplos que ilustran el vaivén de muchos ribeirenses que tuvieron que adaptarse a una cultura, una lengua y unas condiciones de vida que nada tienen que ver con las que dejaron aquí.

08 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando apremió la falta de trabajo o la necesidad de prosperar, la solución -especialmente en Galicia- fue casi siempre hacer las maletas. Esto es lo que decidieron en su momento tres familias ribeirenses que se marcharon a hacer las américas en los años setenta. Tomaron tierra en EE UU y allí -concretamente en las localidades de Carteret y Brick Town -en New Jersey- y Nemburg -Nueva York- han pasado gran parte de su vida. Son sólo tres ejemplos de tantos emigrantes que se fueron al igual que ellos. Situada sólo a unos minutos de los tres lugares citados, la localidad de Newark se ha convertido en la casa de muchos vecinos de Palmeira que cruzan el Atlántico cada vez que pueden. Antonio Tubío -vecino de Aguiño- su esposa, Carmen Millán -de Palmeira- y sus dos hijos -tenían seis y trece años- se marcharon a New Jersey en 1970, empujados por una hermana de Carmen que los convenció. Legalizaron sus papeles y tomaron un avión rumbo a América. Antonio ayudaría luego a muchos gallegos que entraron ilegalmente a formalizar su situación. El matrimonio ha vuelto para quedarse y ahora recuerda lo duro que resultó encontrarse con un idioma y un ritmo de vida muy diferentes. Aún así, no fueron obstáculos que impidieran su adaptación a la frenética vida norteamericana. Volver después de treinta años ha sido tan duro como lo fue marcharse entonces: «Sufrimos agora aquí coma antes alá». Antonio ha trabajado siempre en la construcción y recalca: «Alí un albañil con traballo é coma un rico aquí; cando marchei non tiña máis que unha moto, e alí ós seis meses tiña coche e ós dous anos un piso». Una de las diferencias más grandes que ha encontrado entre la vida en EE UU y Galicia es la agilidad con la que resuelven allá los trámites burocráticos: «Hai un mes que cheguei e paseino intentando cambia-la matrícula do coche, xa din máis voltas ca roda dun muíño. Alá solucionaríao nun día en dous despachos». A Antonio le sorprende el horario de la Administración en España: «En EE UU as oficinas están abertas das sete da mañá ás dez da noite; un obreiro pode solucionar os seus trámites a calquer hora do día». Cuando se marcharon nunca pensaron pasar tanto tiempo: «Nun principio íbamos por cinco anos, pero os cartos gánanse en dólares e gástanse en dólares. Nunca estivemos dispostos a pasa-lo mal para aforrar e volver a correr; a vida é corta e hai que disfrutala», dice.