El coste de los carburantes en las estaciones de servicio de la comarca apenas varían en una o dos pesetas por litro Nada que ver con la cesta de la compra. Los consumidores barbanzanos ávidos de ahorrar pueden iniciar su particular «periplo» por los supermercados de la zona y, a buen seguro, conseguirán dejar cierta cantidad en el bolsillo valiéndose de las ofertas. Pero en el caso de las gasolineras no tienen nada que hacer. En las estaciones de servicio consultadas, los precios apenas varían en una o, a lo sumo, dos pesetas el litro. Y es que el hecho de ser comisionistas, amén del estrecho margen de beneficio que les queda, les coartan la posibilidad de ofrecer rebajas. Coinciden con los vecinos en que el precio del combustible se encareció en exceso.
03 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Las gasolineras barbanzanas consultadas, como comisionistas que son, no tienen más remedio que seguir las directrices que marcan las petroleras. Es el gigante quien manda. Lo explica claramente la encargada de la estación de servicio Xunqueira, en Pobra: «Nosotros seguimos el criterio y las normas que fija Repsol y, en cuanto a la ganancia, nos da igual que suba o baje la gasolina, ya que el margen no varía». En Garlou, de Boiro, lo mismo: «Estamos abandeirados con Cepsa, e non temos opción de marcar os prezos; ademáis, unha empresa que viva da venda de carburantes non pode facer nada sobre o marxe, porque é pequeno». En este sentido, el responsable de la estación de servicio Santa Uxía, de Shell, añade que «nosotros ganamos un cuatro por ciento bruto sobre el precio de venta al público del carburante, un margen muy reducido para rebajar». Además, también se rige por la estrategia de Shell: «Estamos incapacitados para ofrecer descuentos o alguna acción de esas características». En las estaciones de servicio Villa Noia y Agra de Baño, de Muros, ambas de Cepsa, ofrecen explicaciones similares. Y todo ello hace que los precios se parezcan como gotas de agua: «Puede haber una peseta de diferencia», explican. Y así es. El martes, la gasolina súper se cotizaba en los surtidores consultados entre las 147,9 y las 149,9 pesetas -ahorro de dos, a lo sumo-; el gasóleo, entre las 114,9 y las 115,9; y la gasolina sin plomo, entre las 137,9 y las 138,9 pesetas. ¿Repercusiones? Nadie elige una gasolinera u otra por el precio, sino por la comodidad, el servicio y la atención. Los empresarios del sector aseguran entender las quejas de la gente al observar cómo la subida de los carburantes parece no tener fin, pero aclaran que sus críticas no tienen como objetivo las gasolineras: «Saben que nosotros no podemos hacer nada, que el cocido se lo comen otros», apuntó el gerente de Agra de Baño, en Muros. En Pobra apuntan que es comprensible que la gente proteste, aunque no contra la gasolinera: «En el plazo de un año subieron muchísimo los combustibles; sí que están caros». Sostienen que ellos también son, como usuarios de vehículos, parte afectada. Sin embargo, parece que esta situación no ha provocado cambios en los hábitos de los ciudadanos a la hora de utilizar el coche, pues señalan que, en líneas generales, pocos son los que decidieron reducir su uso por esta causa. Sea por constituir un arma de trabajo necesaria, o por no renunciar al paseo, el asfalto sigue saturado. Eso sí, los coches diesel ganan cada vez más adeptos.