Arousa también tuvo sus Notre Dame

Nadie es capaz de precisar si existen planes específicos de emergencia para piezas del patrimonio tan importantes como Armenteira, el conjunto de Vista Alegre o Fefiñáns


vilagarcía / la voz

El incendio de Notre Dame ha iluminado una realidad a la que, desgraciadamente, no se le suele prestar atención hasta que es demasiado tarde: la protección real y efectiva del patrimonio. Tras las llamas de París, en la catedral de Santiago han emprendido una minuciosa revisión de los protocolos de emergencia para evitar que algo así pueda ocurrir en el templo compostelano. ¿Y en O Salnés? ¿Están blindadas las joyas arquitectónicas de la comarca ante una eventual situación de riesgo? La respuesta, por indefinida, no resulta demasiado esperanzadora.

Si hacemos un repaso por las joyas arquitectónicas de Arousa, Armenteira se nos antoja la primera parada obligada. El Concello de Meis desconoce si la iglesia y el monasterio disponen de un plan de emergencias. «Estamos hablando de un recinto que es titularidad de la Iglesia. En todo caso, en este tipo de monumentos, por su antigüedad, es complicado», dice el alcalde, José Luis Pérez Estévez. Otra escala ineludible en el recorrido nos lleva a Vilagarcía, más en concreto al conjunto de Vista Alegre. Desde luego, en el parque de bomberos desconocen la existencia de un plan específico para hacer frente a un eventual incendio en el convento. El trío de oro del patrimonio arquitectónico arousano lo encontramos en Cambados, en el hermoso pazo de Fefiñáns. El concejal de Seguridad en este municipio, José Ramón Abal, confiesa desconocer si existe, o no, un protocolo que permita pautar la respuesta a una posible emergencia en el pazo. «É unha propiedade privada, así que nós aí pouco podemos facer. En todo caso, confío en que así sexa», indica el concejal.

Las joyas de la naturaleza

En O Salnés, como en el resto de Galicia, hay otro tipo de tesoros patrimoniales condenados a afrontar periódicamente situaciones de riesgo. Los petroglifos de Xiabre, descubiertos después de que un incendio forestal arrasase el monte, se encuentran hoy en día abandonados a su suerte, expuestos a ser arrasados por cualquier tipo de maquinaria.

Por no hablar del patrimonio natural, el más delicado, sensible y frágil de todos. En el 2015, una columna de humo movilizó a los vecinos de Carril y angustió a los de toda Vilagarcía: había fuego en Cortegada. En aquel momento, la isla, integrada ya en el Parque Nacional das Illas Atlánticas, estaba completamente desprotegida: nadie había previsto que el fuego pudiese poner en peligro el pequeño paraíso. De aquel susto se aprendió una lección, y desde entonces se ha realizado algún simulacro en la isla para intentar afinar los protocolos que deberían activarse si se produjese una situación similar.

El fuego también puede constituir una amenaza para el parque nacional de O Carreirón. El concejal delegado de seguridad en A Illa, Luis Arosa, reconoce que «non hai ningún plan especial» para responder a una situación de ese estilo. «O único plan que temos é intentar apagar nós cos nosos medios, porque non temos con quen contar. Pero isto pasa tanto no Carreirón coma en calquera outro lado do pobo».

Poco antes de la medianoche del día de los inocentes del 2001, ardía hasta el tuétano la Casa Calderón, frente a la laguna de A Comboa. Propiedad de la familia Fernández de la Riva, la mansión, también denominada Villa Milagros, era un claro exponente de la pujanza de la Vilagarcía que transitó entre lo siglos XIX y XX. Antes del fuego hubo quien intentó implantar en ella un lujoso local de diversión nocturna. Incluso años después del siniestro, el Liceo-Casino le echó el ojo. Las pesquisas de la policía condujeron a un callejón sin salida. El fuego se inició en la planta superior de un edificio que, pese a estar deshabitado, poseía servicio eléctrico. Poco más.

Construida en el siglo XVII en pleno casco histórico de Vilanova, O Cuadrante vio nacer a Valle-Inclán, el 28 de octubre de 1866. Casi 132 años más tarde fue pasto de las llamas. También de madrugada. El incendio se produjo en plena refriega entre su propietario, el empresario padronés Jesús Roa Baltar, que quería rehabilitar el edificio a su gusto, y el Concello, que apostaba por un respeto máximo a su estructura y, en el fondo, por la conversión del inmueble en un museo dedicado al genial dramaturgo. Un objetivo que no se logró hasta el 2002, recuperado ya el edificio. La policía estaba convencida de que el fuego había sido intencionado.

Decididamente, la noche es amiga de los incendios. El palacete de O Castriño, construido en 1935 por los duques de Terranova, también ardió de arriba a abajo. Las llamas prendieron a las cuatro de la mañana y calcinaron el edificio durante cinco horas. Las especulaciones sobre su origen se dispararon en Vilagarcía. Se habló de seguros y del propio Exército Guerrilheiro. La finca era propiedad de Luis Falcón, que entonces permanecía en la prisión de Martutene, investigado por un alijo de una tonelada de hachís. O Castriño, recuperado hace años por el empresario Juan Fajardo, perdió aquella noche una valiosa biblioteca de botánica.

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