Una actividad laboriosa que se reinventó en forma de joyas

marina Santaló

VILANOVA DE AROUSA

mónica irago

Costoso temporal y económicamente, el encaje de bolillos no pasará desapercibido en Vilanova

05 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Cargadas con su almohadilla (mundillo), entre 400 y 450 palilleriras de toda Galicia enseñarán su arte el próximo domingo en Vilanova. «Vamos a otros pueblos y ellos se acercan junto a nosotros para compartir técnicas y hacer una exposición de nuestros trabajos», explica Elda Froiz, de la asociación cultural de palilleiras de Vilanova A Floriña, quien se inició en esta actividad a los 50 años. «Siempre me gustaron las labores y el encaje de bolillos era un asignatura pendiente», explica. Veinte años y varios cursos después, domina tanto el de Camariñas como otros europeos. Fue a la escuela de encajes de Mariña Regueiro y, cuando alcanzó sus objetivos, «ya no lo solté», afirma. A pesar de aprender antes otras técnicas como el ganchillo, ninguna le conquistó tanta como el encaje. Sobre su dificultad asegura que «todo es practicar». Hilos y alfileres se convierten en los elementos para acompañar la almohadilla, la pieza clave para poder pinchar ya sea plana (bolillos europeos) o de cuernos (Camariñas). «Los extranjeros los mueves más pero tienen menos bolillos», matiza Elda.

La otra clave para las palilleiras es el tiempo. Como toda actividad artesanal, el encaje de bolillos es lento. A pesar de tener dominada la técnica y entretejer a un buen ritmo, cualquier palilleira necesita algo más de dos horas para hacer una pieza tan pequeña como un anillo. La elaboración de prendas como un chal o un chaqueta es tan costosa que sus precios rondan los 300 euros. Por eso, la apuesta más habitual es, por ejemplo, combinar una pieza de lino con encajes decorativos.

«Es un proceso costoso y eso se refleja en el precio», señala Elda. El resultado es que «mucha gente no compra» y que hayan tenido que reinventarse en forma de joyas. Si el juego de cama era lo más habitual hace unos años, ahora cobran protagonismo los collares, pulseras o anillos. Salen más económicos y «gustan mucho», indica. A pesar de esta buena acogida, Elda ve muy complicado poder vivir como palilleira. «Es una ayuda para la economía familiar, pero para vivir no da, de hecho, mucha gente empieza cuando se jubila », explica. En su caso, entreteje para regalar. «Si cobro las horas que me lleva, me llaman timadora», bromea.

En el encuentro, en el patio del CEIP Xulio Camba, se realizará un sorteo con más de 100 productos ofrecidos por los vecinos.