Al contemplar esta imagen habrá quien se pregunte qué se le ha perdido entre los desperdicios al hombre que bucea en este contenedor de basura, en pleno corazón urbano de Vilagarcía. Y llevará razón. Algo se ha desvanecido en esta escena. Básicamente la dignidad, aunque no la individual de quien destapa el tarro de los detritus por pura necesidad para buscar algo de lo que sacar provecho o, sencillamente, llevarse a la boca, sino la decencia colectiva que como sociedad debiéramos profesarnos. Cuando cualquier tienda de alimentación acumula productos suficientes como para dar de comer a un pueblo entero durante un día, y sin embargo hay quien debe sumergirse literalmente en la mierda para seguir adelante, está claro que hay algo aquí que va mal. Lo cantaron Kortatu y no les hicimos caso.