Artesanía para disfrutar de mil formas distintas de la carne de pollo
VILAGARCÍA DE AROUSA
Es una de las apuestas más seguras en cualquier cocina; Bea Señoráns lleva desde 2019 presentando la carne de esta ave en una gran variedad de formatos: de hamburguesas crujientes, a cruasanes rellenos
06 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«¿Otra vez pechuga a la plancha?». Esa pregunta, pronunciada con el tono justo de reproche y aderezada con unas ligeras notas de desilusión, puede crispar a cualquiera que afronte el reto de cocinar día tras día para su familia. A Beatriz Señoráns, desde luego, no le gustaba nada escucharla. Ella se pasó años haciendo malabares con el tiempo para poder llegar a la hora del almuerzo con la comida hecha. Una pechuga a la plancha, recuerda, le resolvía muchas veces la papeleta. «Es algo rápido y sano», dice. Un recurso tan socorrido que puede acabar volviéndose, a fuerza de repetición, monótono. Y eso que «hay miles y millones de maneras de comer pollo», según nos cuenta la responsable de Pío Pío, una pequeña y coqueta tienda de productos elaborados con carne de ave que abre sus puertas en el corazón de Vilagarcía.
Decorada con mino, la pollería de Beatriz Señoráns es un rincón bonito, en el que los productos se exhiben como lo que son: pequeñas joyas comestibles. Hay de todo. Desde los fingers de pollo rebozados con pistacho, hasta las hamburguesas crujientes. Desde las flores de hojaldre y calabacín, a los cruasanes que se deshacen en la boca. Desde unos divertidos chupa-chups de pollo, a una lasaña que solo hay que gratinar antes de poder hincarle el diente... Por no hablar, claro, del largo catálogo de croquetas en el que entran, además de las recetas con pollo, otras que tienen como protagonistas la cecina, el queso manchego... Todo esos productos tienen un denominador común: las manos de Bea Señoráns, que es quien se encarga de elaborar todo lo que sirve. De probar cada receta que incorpora a su oferta: «Así tiene que ser», dice ella con esa seguridad de quien, cuando se mete en un proyecto, lo hace a conciencia.
Para poder abrir cada mañana con su expositor lleno de cuidadas elaboraciones de pollo, Bea amanece cada día a las cinco, cuando aún no ha cantado el gallo. Desde que se cambió de local —empezó a conquistar Vilagarcía desde la plaza de abastos, ahora está en una céntrica calle— ha tenido que contratar a su hija durante dos horas al día para poder reponer sus productos a medida que se van agotando y para poder atender los encargos y las reservas. «Yo hago todos los días producto fresco, por eso hago cantidades muy medidas. Si se acaban, hago más», explica. Aunque los elaborados de pollo son la seña de identidad de la casa, con el tiempo Bea ha ido ampliando su oferta y adecuándola a lo que le piden sus clientes, Así que, junto a las delicias de pollo que hay que cocinar en casa, crece la oferta de platos que ya están listos. Albóndigas de pollo, pechuga asada —una sabrosa versión del jamón asado de toda la vida—, berenjenas rellenas... Por no hablar de empanadas que están triunfando entre la parroquia: de lacón con grelos, de choco... «Cada día tengo dos o tres referencias de platos que ya están listos; es algo que la gente demanda y a mí, escuchar a mis clientela, siempre me ha marcado el camino... Y me ha ido bien», cuenta Bea con esa franqueza que la caracteriza.
Ella trabajaba en la carnicería de un supermercado cuando decidió montar su propio negocio. «Estaba muy bien donde estaba, pero quería intentar sacar adelante mi proyecto», relata. El proyecto que había ido tomando forma en su cabeza a fuerza de «pensar por qué estaría yo dispuesta a pagar; qué tipo de cosas me facilitarían la vida». Eligió trabajar con carne de pollo porque «es una carne que queda bien con todo; es muy suave, nada pesada ni indigesta; es un producto más manejable, exige menos físicamente y, por último, en Vilagarcía no había ningún negocio de elaborados de pollo artesanales».
Hasta que llegó Pío Pío y cumplió todos los objetivos de Bea. Mientras hablamos con ella, a través de la puerta que se abre a la calle una mujer le advierte de que no tardará mucho en pasar a recoger su encargo. «¡Ya te lo tengo listo!». Un hombre se asoma poco después. «Venía a decirte que ya probamos la lasaña. Estaba riquísima y los chavales la comieron muy bien», exclama. Y Bea sonríe encantada. «Una de las cosas que yo quería, cuando monté esto, era tener como una pequeña tienda de barrio, una tienda como las de antes», explica. Ahora, que nos pasamos la vida corriendo, a veces necesitamos un incentivo para parar, y Bea lo ofrece en forma de café y de galletas caseras: «He montado un rinconcito para que la gente que quiera, se pueda parar, tomarse un café y charlar un rato», explica. Las galletas, señala, también las hace ella. «Quiero que sea un detalle, una forma de demostrarle a mi clientela que me interesa, que siento aprecio y que les agradezco que confíen en mí», dice Señoráns. «La verdad es que me encanta mi trabajo», concluye. Se nota en este negocio en el que se cuidan hasta los detalles más nimios; en el que las decisiones se meditan; en el que los errores no dan miedo porque si se producen, se corrigen; en el que el futuro se escribe y se sueña cada día. «Ya estoy pensando algunas recetas para el verano», dice Bea. Habrá que probarlas.