Las calles de la ciudad registraron ayer una inusitada actividad durante la mañana
15 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.En Vilagarcía, los martes son día de mercado y de plaza. Día de hacer recados y realizar compras. Jornadas en las que las calles se llenan y parecen hervir, al menos así solía ser, con las idas y venidas de los atareados habitantes de la comarca. Con la crisis sanitaria, todo eso parecía haberse ido al traste. Pero ayer, quién sabe si por antojo del subconsciente, si por la vuelta al trabajo de los sectores no esenciales, o por ambas cosas, fueron muchos los vilagarcianos que salieron a la calle a hacer los recados que no pueden esperar más. Hubo trasiego en las calles, sí. Un trasiego sorprendente, pero organizado. Porque ahora, cualquier cosa que se pretenda hacer exige pagar el peaje del tiempo perdido en una cola.
En la plaza de abastos el aforo de clientes ha sido limitado para garantizar el mantenimiento de las distancias de seguridad. En la calle, la cola crecía, pero en el interior apenas se notaba. «Los que estamos dentro no vemos aglomeración en ningún momento porque el edificio es muy grande y la gente entra por turnos y se reparte mucho», dice el presidente de la asociación de comerciantes. Ayer, «hubo un goteo bastante constante» de gente, reconoce Juan Carlos López.
En esas calles que no pueden ver los comerciantes del mercado, las colas se han convertido en un elemento más del paisaje. Se forman delante de los supermercados más céntricos, de las oficinas bancarias, de los cajeros automáticos... En uno de ellos, situado al término de la calle Rey Daviña, una mujer suspiraba aliviada al ver que ante ella solo había cuatro personas. «Menos mal que no tengo que ir a Correos», comentaba en voz alta al final de la fila. No le faltaba razón: en la misma calle formaban una ordenada cola una treintena de personas que tenían por destino esa oficina. A ella se incorporaba la gente con suspiros de resignación o con evidente mal humor. «Esto es increíble. Voy a estar toda la mañana haciendo colas», decía una mujer mientras sacaba el móvil.
La mujer llevaba máscarilla y guantes: cada vez son más los ciudadanos que salen a la calle protegidos por elementos adquiridos o de fabricación casera: máscaras, pañuelos y hasta pantallas protectoras ajustadas de la mejor manera posible adornan las colas de una ciudad que añora la calle.
«Esto es increíble», suspiraba una mujer en la larga fila creada ante las puertas de Correos
En la plaza hay restricciones de acceso, pero ayer hubo un goteo constante