Castigados un mes sin poder jugar con los columpios

Hace hoy treinta días, un operario retiró el caucho del parque de O Piñeiriño; desde entonces está cerrado


vilagarcía / la voz

El hombre sudó la gota gorda (aunque hoy, que estamos con la bufanda, nos parezca increíble hace un mes andábamos de manga corta) pero consiguió concluir su tarea en tiempo y forma. La tarea no era otra que retirar el caucho del parque de O Piñeiriño, que estaba sumamente deteriorado y que era uno de los trabajos que el Concello había adjudicado por algo más de 50.000 euros. Cifra importante, pero hay que hacer constar que los arreglos atañen también al parque de Dona Concha, en Vilaxoán.

El asunto es que el operario concluyó en una jornada y allí estuvo el caucho amontonado durante unos días más, hasta que se llevaron el viejo y llegaron los sacos con el que lo reemplazará.

Entre tanto, el parque quedó clausurado. Unas cintas impedían, o lo pretendían, que los chavales entraran al recinto para jugar con los columpios como solían hacer. Lógico, por otra parte, el intento de prohibición porque, según apuntaba el Concello en su momento, algunos de los juegos están deteriorados por el uso.

Sacos como blindaje

Con los chavales, eso de ponerles delante un caramelo y decirles que no pueden disfrutar de él no suele funcionar. Y las incursiones durante los primeros días continuaron. Hasta que llegaron los sacos con el nuevo caucho, que ejercen de puerta blindada desde entonces. Alguno aún se cuela, pero parece que ha quedado claro que ese parque es ahora territorio vedado.

El asunto es que, entre unas cosas y otras, el parque lleva cerrado ya un mes y solo las lluvias de estos días han contribuido a calmar algo a la chavalada. Inocentes ellos, no conciben los tiempos que tienen estas obras. Los sacos con el caucho llevan ya tres semanas a la intemperie. De momento parece que no han despertado el interés de algún amigo de lo ajeno, pero quizás solo sea cuestión de tiempo.

Dentro del recinto, cuyas vallas también serán arregladas según se estipula en el contrato, comienzan a acumularse hojas y, sobre todo, a formarse pequeñas, pequeñas por el momento, piscinas que amenazan con convertir la zona en una pequeña laguna.

El castigo a los chavales de O Piñeiriño se prolonga ya un mes y la desazón se apodera de la rapazada del barrio, que teme que el parque no esté en condiciones para poder disfrutar de él durante el parón escolar de las vacaciones navideñas.

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