Vilagarcía inventa las uvas interruptus

Maruxa Alfonso Laya
M. Alfonso VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

Martina Miser

El maestro de ceremonias confundió los cuartos con las campanadas y terminó la cuenta atrás en la octava, aún así cientos de personas le dieron la bienvenida al 2019 doce horas antes de lo previsto

31 dic 2018 . Actualizado a las 21:03 h.

No había cuartos. Vilagarcía quiso emitir las campanadas para tomarse las tradicionales uvas del mediodía en directo y se olvidó de que el reloj de Ravella no tiene cuartos. Así que cuando los presentes iban por la octava uva, el reloj dejó de dar las campanadas y los vilagarcianos se quedaron con ellas en la mano. Unas risas, un poco de tensión y la cuenta atrás se reanudó sin problemas. Fue un pequeño incidente en una gran celebración que, un año más, llenó la plaza de gente dispuesta a festejar el 2019 doce horas antes de que empezara. Hubo de todo, risas, bailes y un espectáculo circense que dejó con la boca abierta a más de uno.

La fiesta comenzó temprano. A las nueve de la mañana empezaba ya a sonar la música para ir creando ambiente y animar a la gente a sumarse al festejo. A las once y media, Ravella estaba ya lleno de gente y, en cuestión de minutos, la plaza se quedó pequeña para acoger a todos los que, con las uvas en la mano, se acercaron a disfrutar de las campanadas del mediodía. Corrió el champán, también las gominolas para los más pequeños. Fruta y dulce se agotaron enseguida. Hubo, también, atuendos para todos los gustos. Desde los tradicionales gorros de Papá Noel y las gafas de reno y árbol de Navidad, hasta gorros más originales. Diez minutos antes de la cuenta atrás salió a escena la compañía Pablo Méndez Performance, con un espectáculo de circo en el que unas bailarinas bajaban desde el aire haciendo todo tipo de piruetas. Y llegó el momento de las campanadas. El maestro de ceremonias hizo aparición en escena y dijo que esperaran, que había cuatro cuartos. Los contó con los dedos de una mano y, a continuación, empezaron las campanadas. Sonó la octava y... ahí quedó la cosa. Ante la sorpresa de los presentes no hubo más.«Esto pasa muchas veces. ¿No os acordais cuando  tomamos las uvas de medianoche a las doce y cuarto?», justificaba el presentador. «En Vilagarcía, tomamos las uvas cuando nos da la gana», insistía. Enseguida se retomó la cuenta atrás y, al finalizar, estallaron los tubos de confeti cubriendo Ravella de miles de serpentinas de colores. Fue el momento de los besos y los abrazos, de dar la bienvenida a un año que todavía no ha llegado. Pero no fue el fin de fiesta. Esta siguió todavía durante un buen rato con música y baile en la calle.