Murales de colores para endulzar los malos tragos

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

Dos artistas afincados en Vilagarcía llenan de historias las paredes del área de infantil de CHUS

29 dic 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

A Marthazul y a Augusto Metztli les duelen las enfermedades ajenas. Quizás esa sea la razón por la que estos dos artistas (ella vilagarciana, él mexicano, los dos residentes en la ría de Arousa) acaban siempre implicados en todo tipo de proyectos solidarios. Hace unos años, de la mano de la Fundación Andrea, entraron en el CHUS de Santiago para «endulzar» con sus pinturas las paredes del área infantil. En mayo de este año han vuelto al hospital de Santiago, cargados con cubos de pintura sanitaria y pinceles, para seguir llenando de colores y de historias las paredes de esas zonas. Y eso que Marthazul odia los hospitales, y las agujas. Pero cuando desde la Fundación Andrea los eligieron, hace ahora un año, para este proyecto, ni se les pasó por la cabeza decir que no.

Empezó su viaje por el centro hospitalario en el pasillo de oncología infantil. Una parada difícil, en la que se sorprendieron con la fortaleza de los pequeños enfermos, de los padres que se ponen una máscara para ocultar su propio dolor. «En oncología, la gente pasa mucho tiempo». Pensando en eso, en ese dramático anclaje temporal, decidieron Marthazul y Augusto utilizar su arte para ofrecerles la posibilidad de viajar, de dar una vuelta al mundo. De dar un paseo entre pingüinos en el polo Norte. De caminar por la muralla china. De disfrutar de los baboabs, o de las pirámides. Y de reflexionar mirando los barquitos de papel que flotan en el Mediterráneo, alegoría poética del drama de los refugiados. Y es que esa es una de las características de la pintura de Marthazul y de Augusto -de Augusto y de Marthazul-: El compromiso. El aprovechar cada pincelada para enviar un mensaje.

Cuando acabaron de ilustrar el pasillo de oncología, recogieron sus bártulos, pero no se fueron muy lejos. Las paredes de las habitaciones para niños y bebés, esperaban sus dibujos. Y con ellos, su bautizo. Porque, al fin y al cabo, eso es lo que ha logrado este proyecto. Rebautizar los cuartos, haciendo que lo que antes no era más que una sala inmaculada y fría se convierta en un lugar de ensueño. Ahora ya no hay números: está la habitación de los globos, la de las jirafas, la de las burbujas... Nombres que, seguro, ayudan a curar. Tal vez no los males del cuerpo, pero sí los del espíritu.