Súper Nito contra todos

En 1985, había en Vilagarcía dos «Hipomercado» para 31.000 habitantes; en 2018, tendremos 14

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redacción / la voz

Hubo un tiempo en Vilagarcía en que las golosinas no se compraban en una chuche-boutique, sino en el quiosquito de Armando. En puridad, lo de Armando no era un quiosco, sino un bajo pequeñito y oscuro atestado de juguetes baratos, caramelos, pipas, globos, petardos y todo aquello que la imaginación infantil pudiera imaginar. La tienda de Armando estaba junto a El Callejón del Viento y parecía una casita recién salida de un cuento de hadas buenas y gnomos tiernos. Pero Armando y su batiburrillo infantil ya no están y ahora, ya digo, los niños se surten en comercios sofisticados, organizados y luminosos.

Hubo un tiempo en Vilagarcía en que los productos para comer, limpiar y vivir no se compraban en grandes superficies comerciales ni en supermercados llenos de música, luz y tentaciones, sino en la de Sita, donde lo mismo conseguías un pie salado de cerdo que un bote de Vim Clórex, unas migas de bacalao o una botella de gaseosa Koso. Sita tenía su comercio en la esquina de la rúa Os Duráns con Aquilino Iglesias Alvariño, su marido era taxista y ella era una señora que ejercía de tendera, consejera y confidente. Pero Sita cerró hace muchos años y con ella cerraron las tiendas de toda la vida y los comercios cercanos y familiares...

¿Todos? No, porque ahí al lado, en Corón, en plena carretera de Cambados, Súper Nito resiste como un campeón del comercio de proximidad. Nito abrió carnicería en 1967, después amplió a ultramarinos para acabar convertido en el Súper Nito de hoy, instalado donde estuvo el baile dominical de Corón, primero, y la tienda del padre del pediatra Luis Nogueira (q.e.p.d.), después.

Últimamente, cuando los vecinos de O Salnés entran en Vilagarcía desde Vilaxoán, preguntan indefectiblemente por la nave que crece junto a la rotonda de bajada al puerto. Y cuando les aclaran que aquello va a ser un supermercado Eroski, se llevan las manos a la cabeza asombrados e incrédulos: «¿Otro supermercado más?».

Pero no siempre fue así. No siempre brotaron los súper como las setas. Es más, Vilagarcía de Arousa fue una de las últimas ciudades españolas de más de 25.000 habitantes en tener una mediana superficie comercial. Fue a mediados de los 80 cuando abrieron, en Rey Daviña y en Arzobispo Gelmírez, dos establecimientos que no se llamaban súper ni híper, sino hipo. Sí, dos «Hipomercado» que fueron la sensación de la comarca. En veinte kilómetros a la redonda, no había nada parecido y las colas y los atascos eran tremendos.

Corría el año de 1990, cuando se anunció a bombo y platillo la llegada a Vilagarcía de otros dos supermercados, que tendrían hasta aparcamiento subterráneo: uno, en Rey Daviña y el otro, en A Xunqueira. El aparcamiento del primero nunca fue tal y las expectativas que despertó el segundo, inaugurado en septiembre del 94, no llegaron a tanto (se retiró el McDonald’s prometido y no hubo salón de billares de 600 metros), pero el súper tenía 3.000 metros cuadrados, triplicando al más grande de los que había en la ciudad, contaba con 15 cajas y su tienda de discos medía 100 metros cuadrados, 60 más que la del Continente de Vigo.

De la mano del centro de ocio, tiendas e hipermercado de A Xunqueira, desembarcaba en O Salnés el uso del comercio como arma política con sus sombras y su dinero oscuro. Faltaba un año para los comicios municipales del 95 y se prometían empleos a cambio de apoyo político. Pero la candidatura “comercial” fue derrotada y ese fue el principio del fin de la narcopolítica en Vilagarcía, al menos de la evidente. Después, A Xunqueira fue limpiándose y convirtiéndose en comercio puro y duro. Y llegaron los Lidl, Mercadona, Alcampo, Kolding, Krone, Día, Familia, Froiz, Aldi, Gadis, Alcampo, ahora Eroski. En fin, lo normal. Lo que más sorprende de esta proliferación de grandes y medianas superficies es que, cuando abrieron los «Hipomercado», solo había 6.000 habitantes menos en Vilagarcía. Es decir, en 1985, para 31.000 ciudadanos, había dos súper y en 2018, para 37.000, vamos a tener 14. Es lógico, pues, que todos nos llevemos las manos a la cabeza.

¿Todos? No, de eso nada, Súper Nito ni se inmuta y ahí sigue, resistiendo y proclamando con orgullo que ellos permanecen en su sitio, sabiendo perfectamente lo que le gusta a la clientela de la ría y colocando sus vallas retadoras a un paso del hipermercado más imponente de O Salnés, como avisando: «Sí, seréis muy grandes y muy multinacionales, pero ni abrís todos los domingos, ni tenéis tan buenos vinos y tan baratos, ni despacháis productos tan selectos como nuestras chuletas de cerdo ibérico».

Súper Nito es heredero de Sita y de aquellas tiendas gourmet pioneras, que no se llamaban así, pero despachaban delicatessen: Los Pepes, Camba... Los Pepes también aguanta junto al mercado de Vilagarcía y en pocos comercios de alimentación se pueden encontrar conservas de tanta calidad, vinos tan escogidos o mermeladas inglesas de tanta categoría. Es el casticismo resistente de Nito y Pepe frente al poderío de las grandes cadenas. Súper Nito contra todos, abanderando el comercio cercano, valiente, limpio y resistente.

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