Ruinas en el centro de Vilagarcía

m. santaló VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

MONICA IRAGO

Fincas y edificios abandonados provocan que los vecinos de las cercanías pidan que se actúe sobre ellos

27 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

A la finca abandonada en la avenida Rosalía de Castro, junto a Xurxo Peluqueros, en Carril, hay que sumarle otras a lo largo y ancho de Vilagarcía. Llama especialmente la atención el caso de la finca de Os Duráns, por el tiempo que lleva creciendo en ella la maleza y por la insistencia de los vecinos en que se haga una limpieza en su interior. Al igual que Avelino Barreiro, residente en el portal número 5 de la calle Xalda, quien alude al número de ratas que se reproducen en la parcela carrilexa, los habitantes de este barrio del centro de Vilagarcía hacen hincapié en la falta de salubridad ocasionada por la variedad de fauna urbana que ahí se puede esconder.

Esta finca se extiende tras unas columnas de ladrillo y cemento que están más derruidas que enteras, y llama la atención ya desde lejos. En su interior crece una maleza que parece servir de vertedero por el variado tipo de desechos que pueden verse sobre ella. Justo enfrente, una finca poco más cuidada luce un cartel de «próxima construcción de viviendas» en la valla que impide el acceso a su interior. Un anuncio que puede producir unas esperanzas que no se visualizan ni en su vecina, ni en la finca de Carril. «Es improbable que en esta se haga algo, pero sería una solución perfecta», señala Xurxo al hablar de lo que crece pegado a su peluquería. En cualquier casos, los vecinos también alertan del peligro que pueden ocasionar en caso de que se produjese en ellas un incendio.

A las fincas abandonadas hay que sumarles las edificaciones. Viejas glorias como la fábrica de Lantero se consumen dejando unos esqueletos monstruosos. En el centro, llama la atención la plaza de O Castro, donde varios de los edificios que guardan parte de la memoria histórica de la ciudad se encuentran es un importante estado de degradación. Este ruinoso estado provocó que el Concello se viese obligado a intervenir en la denominada Casa do Castro, un inmueble que en su día funcionó como escuela y que, hace años, se barajó como escenario de usos culturales y prolongación de la plaza de A Peixería. Su condición de propiedad privada motivó que no aflorase esta idea, ni ninguna otra. Eso sí, tras las obras de consolidación, al menos no supone ya un peligro y su callejón lateral vuelve a estar abierto.