Miles de personas abarrotaron Vilagarcía para recibir a Melchor, Gaspar y Baltasar
06 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.El niño no parecía muy animado. Desde el colo de su padre miraba alrededor sin interés alguno, componiendo un gesto de incredulidad, quizás incluso de aburrimiento. Unos minutos antes, la llegada de un coche de Protección Civil había hecho que todo el mundo le anunciase la inminente llegada de los Reyes Magos. Pero allí no aparecía nadie, debía de pensar Marcos, a quien el tiempo de espera se le hizo eterno. Hasta que, por fin, una estrella de luces con el logotipo del Concello y un primer chaparrón de caramelos hizo que el gesto de la cara mudase. En la acera de enfrente -la escena se registró en Alexandre Bóveda- una niña pelirroja, a hombros de su padre, estiró el brazo y señaló: una legión romana, con sus uniformes bien bruñidos, se acercaba antorchas en mano. Para entonces, Marcos ya había recuperado el entusiasmo.
Luego llegaron la banda de música, los pastorcillos de A Escardia y O Piñeiriño y los grupos de colegios como Rubiáns, el Anexo o el Sagrada Familia envueltos en los suntuosos trajes de Oriente. Y por el medio, de todos ellos, gaitas y tambores.
Y entonces, por fin, ocurrió. Los estandartes reales anunciaron la inmediata llegada de Melchor, imponente con su barba blanca y sus ricos trajes. Fue, con mucho, el rey más generoso, el que más caramelos lanzó a quienes lo jaleaban desde las aceras. Gaspar, vestido de granate, fue más contenido a la hora de repartir dulces, quizás pensando en que tanta chuchería podía sentar mal a los rapaces -y a los mayores- que se lanzaban como locos a recoger las que caían al suelo. Cerraba el desfile, como manda la tradición, Baltasar, cuyo séquito hizo algún intento por hacer llegar los caramelos a quienes, desde las ventanas, tenían una visión privilegiada de un desfile triunfal, en el que participaron más de seiscientas personas.
«¡Choven caramelos!». A la mujer, la expresión le salió del alma tras recibir el impacto de uno de los últimos dulces lanzados. Un coche oficial cerraba la comitiva, y el público se retiraba. Unos corrían a las tiendas para zanjar asuntillos de última hora. Muchos se desperdigaron por la ciudad para seguir disfrutando de la magia navideña.
Tres policías
Pero la cabalgata siguió hasta Ravella, vigilada desde el cielo por un helicóptero y por tierra por Protección Civil y por tres policías locales -los agentes se niegan a hacer horas extra y cambios de turno hasta que se atiendan algunas de sus viejas reclamaciones-. Pero todo fue bien.
Ante el Concello, Melchor se atrevió a decir unas palabras en castellano. Aunque su dominio todavía no es perfecto, aprovechó la llegada al portal de Belén que se montó en Ravella para recordar lo duro de la travesía que han realizado. Avisó de que, a pesar de que ningún niño de Vilagarcía se quedará sin regalo, «este año habrá menos». ¿El motivo?, los menores refugiados que se encontraron en el camino desde Oriente. «Sabemos que lo comprenderéis», afirmó el Rey que llenó de ilusión Ravella.